Por Anais Rubió-Galván, responsable de EEC Alumni

¿Alguna vez te has sentido abrumado con tantas opciones? Barry Schwartz, psicólogo estadounidense introduce una tesis muy interesante sobre cómo la abundancia de opciones en vez de generarnos más satisfacción, nos la roba.

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La tesis principal de este psicólogo, también desarrollada en esta charla TED y en el programa Redes de Eduard Punset, es que la sobre-abundancia de opciones en vez de ayudarnos, nos paraliza y disminuye nuestra satisfacción vital. Es decir, cuantas más opciones tengamos, por ejemplo, a la hora de comprar una lavadora o escoger un seguro de vida:

  • Más probabilidades tendremos de lamentarnos porque la decisión tomada no fue finalmente la mejor entre todas las opciones.
  • Más posibilidades de pensar en las características que nuestra opción no tiene y que sí tenían el resto de opciones que hemos dejado en el camino (coste de oportunidad).
  • Mayores serán nuestras expectativas de que dicha opción nos satisfaga por completo (hemos invertido mucho tiempo en buscar la mejor), y por tanto, más insatisfechos estaremos con el resultado, si éste no alcanza nuestras elevadas expectativas iniciales.
  • Ocasionándonos, por último, un mayor sentimiento de culpa ya que con tantas opciones, podríamos haber elegido una mejor.

¿Cómo resolver este diabólico juego? ¡Siendo satisfactores en vez de maximizadores! El autor hace la distinción entre dos tipos de personas, los satisfactores y los maximizadores. Los maximizadores necesitan asegurarse de que cada decisión es la mejor que podrían haber tomado. Por ello realizan una labor más exhaustiva de búsqueda y comparación hasta tomar su decisión y, después de ello, siguen pensando que podría haber habido una decisión mejor y no se muestran satisfechos con la opción elegida.

El maximizador compara lo que tienen otros para determinar que quiere él, busca lo mejor, lo perfecto. En cambio el satisfactor, tiene sus propios estándares de lo que es bueno para él y depende menos de lo que hagan los demás. El equipo de música que se compre, el salario que cobre, etc. será “suficientemente bueno” para él, aunque sepa que haya gente que puede tener equipos de música o salarios mejores, se centra en lo positivo de su opción. El maximizador tiene más probabilidades de sufrir los puntos anteriormente descritos y, por tanto, según los estudios realizados, experimentan menos satisfacción con la vida.

Otro punto importante y, posiblemente bastante polémico, es que el secreto de la felicidad, según este psicólogo, reside en tener expectativas bajas, es decir, en rebajar nuestros estándares. Mantener unas expectativas modestas y reservarnos algunas experiencias para ocasiones excepcionales, como una botella de un buen vino o una cena en un restaurante de moda nos garantizará que podamos continuar experimentando placer, evitando así la “adaptación hedonista” que se produce cuando nos acostumbramos al placer y, consecuentemente, éste deja de serlo.

El autor, finalmente, nos sugiere algunos puntos para reducir el agridulce sabor de la abundancia:

  • Reducir el tiempo que pasamos tomando decisiones: decidir cuáles son importantes para nosotros y a las que, por tanto, queremos dedicar nuestro tiempo y energía. Para el resto de decisiones: poner reglas que acoten posibilidades y tiempo invertido, por ejemplo: no visitar más de dos tiendas de ropa cuando buscamos una prenda. Eliminar deliberaciones sobre decisiones que no son importantes para nosotros, nos ahorra tiempo para lo verdaderamente importante.
  • Convertirnos en satisfactores: identificar nuestro “suficientemente bueno” y rebajar la comparación social, para ello debemos pensar cuidadosamente en nuestras metas y aspiraciones y definir nuestros propios criterios sobre lo que a nosotros “nos sirve y no es suficiente”.
  • Reducir el pensamiento del “coste oportunidad”: valorar los aspectos positivos de la opción elegida y evitar repasar aquello que le falta y sí tenía el resto de opciones no elegidas.
  • Arrepentirnos menos: para ello hemos de ser satisfactores en vez de maximizadores, reduciendo el número de opciones a la hora de tomar una decisión.
  • Anticipar la adaptación hedonista: saber que un coche de lujo, por ejemplo, no nos mantendrá experimentando el mismo placer después de algunos meses.
  • Reducir nuestras expectativas: siendo, una vez más, satisfactores o creyendo en la serendipia o, dicho de otra forma, no esperando el momento perfecto, sino haciéndolo perfecto.

¿Cuál es el aprendizaje desde el coaching?

Conectar a nuestro coachee con las decisiones que dan sentido a su vida, invitando a que sea satisfactor en vez de maximizador y se centre en aquellas que realmente le importan. Invitarle a que no viva de los criterios y estándares de los demás y a que sus decisiones no estén basadas en comparaciones sociales, sino en su propio criterio de lo que es suficientemente bueno para él.

Por último, os invito a visitar algunos post relacionados con esta misma temática:

 

 

El libro en el que me he basado para redactar este post es “The Paradox of Choice. Why more is less” de Barry Schwartz. Tiene años, es del 2005, ¡pero merece la pena!

 

Responsable de la comunidad EEC Alumni de Escuela Europea de Coaching y del área de desarrollo de negocio. Es Executive coach por la EEC, Licenciada en Psicología por la Universidad de Salamanca con Postgrado en Psicología Social y Organizacional.