De la experiencia de la unidad y la finitud de todos los seres brota la compasión.

Por María Ancochea Toscano, Codirectora Dpto. Académico EEC

La compasión brota de nuestro interior, sin necesidad de reflexión previa, porque somos esencialmente compasivos. Y somos esencialmente compasivos porque es condición imprescindible para el desarrollo de la vida que lo seamos. Como dice Leonardo Boff, la ley suprema del proceso cosmogénico es la relación de todos con todos y es de esta experiencia de la unidad de todos los seres de donde nos brota la compasión.

La compasión nos permite participar en el dolor del otro, más allá de lo que me diferencia o separa de él. Por tanto, la compasión no sólo surge de la experiencia de unidad sino que genera unión.

La compasión no es tener lástima por otro desde una posición de cierta desigualdad, desde una posición de poder que invalida y humilla al que sufre. Por el contrario, la compasión es compartir nuestra finitud, de igual a igual. La compasión supone asumir la pasión del otro. Y asumir la pasión del otro es asumir el compromiso de realizar cuantas acciones estén en mi mano para aliviar el sufrimiento. Y esto, que no es poco, y que es necesario, todavía no es suficiente.

compasion baja

La compasión es más que buscar soluciones, es más que ofrecer palabras de vida.
No es intromisión, no es imposición a la intimidad del otro, no es vulneración de su libertad.

La compasión es estar completamente disponible para acompañar el sufrimiento del otro aún no pudiendo “hacer” nada más. Y esto exige una enorme valentía y un estado completo de rendición ante la vida, porque hay sufrimientos que no tienen remedio, sufrimientos sin explicación, sufrimientos que nos dejan desarmados, desnudos, ante los que solo nos cabe estar al lado del otro y acompañar su dolor. Este es un estadio superior de la compasión, cuando ya no queda ni el alivio de poder hacer algo.

La compasión es, además, lo que nos permite no juzgarnos ni juzgar al otro. Es comprender desde el corazón nuestros límites, aceptar nuestros condicionamientos, nuestros prejuicios, conocer nuestros miedos. Es amarnos y amar al otro con nuestras luces y con nuestras sombras, y compadecidos por nuestra inconsciencia, y maravillados por nuestra potencia, la compasión nos capacita para perdonar.

Y todavía hay una faceta más de la compasión que es la que me parece aún más noble si cabe, y que encierra para mí el secreto de la compasión. La compasión es además un acto de contemplación que nos permite ver lo bueno, bello, sano, poderoso, misterioso y luminoso que es el otro. Y cuando conseguimos mantener esta mirada compasiva se produce la alquimia de quien mira y la re­creación de quien es así contemplado. Es este el enorme poder transformador que encierra la compasión.

Se ama la realidad porque ella misma es amable, y se la convierte en amable porque se la ama – y esta intuición es el secreto de la compasión. Es el círculo vital [… ] que nos muestra experiencialmente que la realidad no es una substancia objetiva inmutable, sino una dádiva que recibiéndola se transforma, y transformándola se vuelve capaz de ser transmitida de nuevo. Y éste es uno de los poderes del amor, R. Panikkar. ‘De la mística’ 

María Ancochea es coach PCC por ICF y Directora Académica de EEC en Madrid.

Experta en Técnicas de Relajación y Visualización Creativa Silva Mind Control, ha participado en la creación de varios programas de EEC y como formadora principalmente en el Programa de Consciencia Emocional Conem by EEC.