Llevo años poniendo mi granito de arena en nuestra conciencia colectiva para considerar la salud de una forma más holística y de acuerdo con la definición de la OMS que dice: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.» Aunque menos de lo que me hubiera gustado, creo que en los últimos años estamos avanzado bastante en este sentido y cada día somos más los profesionales que consideramos a la salud del ser humano como una unidad: cuerpo, mente y espíritu.

A principios de este siglo XXI, ya descubrimos a través de una ciencia llamada Epigenética, la importante influencia que tiene la nutrición, las emociones o el estrés en nuestra salud. Hoy día sabemos que no somos esclavos de nuestra genética y que teniendo en cuenta estas influencias ambientales o epigenéticas podemos evitar lo que llamamos enfermedad. Somos lo que comemos y sentimos, así que somos responsables para generar la versión más saludable de nosotros mismos gestionando adecuadamente nuestras creencias, emociones y estilo de vida.

La enfermedad como oportunidad

Desde aquí podemos comprender a personas como Carl. G. Jung cuando decía que “La enfermedad es el esfuerzo que hace la naturaleza para sanar al hombre”, y nos animaba a entender la enfermedad como una oportunidad para resignificar nuestra historia y hacer un “cambio de observador” lo suficientemente potente como para conseguir un aprendizaje transformacional.

La salud espiritual

A partir de aquí, humildemente, me gustaría intentar dar un paso más allá. Según el argumento fundamental de la Filosofía Perenne, que evoca la existencia de un conjunto universal de verdades y valores comunes a la mayoría de los pueblos, culturas y religiones, los seres humanos estamos constituidos por cuerpo, mente y espíritu. Parece entonces razonable que incluyamos también nuestro aspecto espiritual o transpersonal para conseguir una verdadera sanación. Mis últimas investigaciones y experiencias con clientes me han demostrado que así debería de ser.

Muchos místicos e iluminados a lo largo de la historia nos han enseñado que nuestra verdadera identidad está precisamente en nuestra alma. Se trata, por tanto, de pasar de lo que creo ser, a Ser lo que soy.

Nuestros padres, abuelos y ancestros siguen viviendo en nosotros y “tienen” (tenemos) la oportunidad de solucionar sus errores y sanar; y si nosotros no lo conseguimos aquí y ahora con la ayuda de los síntomas y enfermedades que nos proporciona la naturaleza, seguiremos sufriendo mientras fabricamos y extendemos el espacio-tiempo con nuestras creencias y estilos de vida heredados, hasta que alguno de nuestros hijos o nietos se dé cuenta de quien Es y sanemos totalmente.

Culpa, amor y perdón

El ego se inicia en nosotros con la creencia limitante de que nos hemos separado de nuestro Ser esencial y de la Unidad de todos los seres, manteniendo separadas a las personas y clasificándolas durante toda su existencia. Parece que este sistema de pensamiento del ego puede producir una CULPA insoportable (la mayor parte inconsciente) que proyectará en forma de ataque, ya sea contra otros en forma de ira o contra nuestros cuerpos en forma de enfermedad. Cuando el ego ataca contra nuestros cuerpos a través de la culpa inconsciente, genera miedo y enfermedad. Pienso que entonces tenemos que entregarnos a la búsqueda y activación de nuestra energía espiritual como única forma para conseguir la Salud y el bienestar de forma completa. Parece que solo hay una forma para superarlo: a través del AMOR y el PERDÓN de uno mismo y de los demás.

Un para qué interior

Desarrollar nuestro potencial de Salud Transpersonal desde el Observador del observador que podemos llegar a Ser nos ayudará a sanar el alma para volver a Ser uno mismo en nuestro camino hacia la Paz interior. Tenemos toda una vida para aprender a hacer esto. Probablemente es nuestro único propósito, nuestro “para qué”.

 En fin, creo que aún nos queda mucho por saber. Habrá que tener paciencia. Alguien me dijo que “solo una paciencia infinita da resultados inmediatos…”. Mientras tanto, si queremos estar realmente sanos, podríamos empezar por tomarnos más en serio la medicina que nos recomendaba San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”.

 

Francisco Junquera es Químico y especialista en Análisis Clínicos, coach PCC por ICF y master en Psicoanálisis. Es responsable del programa de especialización en Coaching de Salud de EEC y autor del libro “Coaching, Ciencia y Salud”.