Por Sol López, alumna del Programa de Certificación en Coaching Ejecutivo.

Una de las dudas más comunes que nos asaltan a los coaches cuando empezamos a ejercer es cómo actuar, qué hacer, durante una sesión individual cuando un cliente de coaching se emociona, cuando detectamos algún fenómeno afectivo, lo ponga de manifiesto o no.

Cuando esto sucede, me pregunto: ¿cómo hacer para poner esta emoción al servicio del cliente y ayudarle a profundizar en su reflexión?

Asistir al taller ‘Las distinciones emocionales del coach’ ofrecido por Alicia Morales y María Ancochea en EEC Alumni, me ha permitido aprender tres cosas fundamentales en este sentido:

  1. Acompañar y no abandonar

Mi aprendizaje es que debo acompañar al coachee en su emoción y ¡no dejarlo solo! Mientras escuchaba esto durante el taller pensaba: ¡¡pero cómo lo voy a dejar solo!!! Sin embargo, en ocasiones inconscientemente lo hacemos, incluso físicamente: salimos de la sala para buscar un pañuelo, un vasito de agua o un caramelo.

Ahora sé que tengo que quedarme allí para el cliente, acompañarle en lo que esté sintiendo, a veces simplemente estando presente.

No hace falta utilizar frases como “ya pasará”, “todo tiene solución”, “ánimo que tú puedes con esto y más”, “bueno, no es para tanto”, “ qué sentimental/temperamental eres”… Hace falta recordar que en estos casos, el silencio puede ser nuestro mejor aliado, como también, hacer el máximo uso de nuestra competencia de plena presencia.

  1. Emoción de ida y vuelta

Y mientras asimilaba este primer aprendizaje aparece un debate en la sala. Algunos de mis compañeros reconocen: “Ay, es que también me he emocionado yo”, “Mi coachee me ha tocado el corazón con lo que me cuenta”… a lo que otros responden: “¡No! ¡Tú eres el coach, no debes emocionarte, hay que mantener una imagen de profesionalismo, por favor!”.

Así llegaba el segundo aprendizaje: los coaches no somos robots imperturbables, podemos empatizar con la emoción de nuestro coachee, y esto implica que después de cogerle la mano, debemos ser capaces de soltar y de volver a nuestro sitio, nuestro rol de coach, para ayudarle.

No es equivocado llorar con él, reírse o empatizar con su ira. Haciéndolo le demostramos que realmente entendemos por lo que está pasando. ¿Tienes dudas de que puedas emocionarte? Si es así, piensa qué pasaría si tú le cuentas a alguien una situación que te provoca una gran angustia, si lloras y el otro se te queda mirando fijamente sin inmutarse, sin moverse, casi sin pestañear. No puedo negar que solo de imaginarlo me entra la risa.

Por tanto, empaticemos sin simpatizar porque compartir las emociones nos une más a nuestros coachees. ¡No hagamos cortocircuito con esa energía que va de tripa a tripa!

  1. Confianza frente a emociones camufladas

Mi tercer aprendizaje llegó camuflado. A veces nuestra radio se enciende y hacemos interpretaciones incorrectas de lo que vemos hasta que nos lo aclaran.

“No lloro por angustia, eh, es de rabia” o “No me río porque no me importe, es de nervios”, dicen en ocasiones los clientes. ¡Son las emociones camufladas, nuestras amigas!

Puede suceder que nuestro coachee no se anime, no pueda o no sepa cómo expresar el fenómeno afectivo que está sintiendo y lo camufle manifestando otro. Pero, tranquilos coaches, que tenemos una manera de detectarlo: nuestro cuerpo no miente y podemos hacer uso de esta gran herramienta para ayudarle a hablar de lo que le pasa.

El taller de EEC Alumni dio para mucho más pero, como cierre de mi evolución como coach, me quedo con una frase de Silvia Guarnieri, que me llegó al corazón: ¡Confiemos en la fortaleza de lo construido! 

¡Qué manera más bonita de resumir que, habiendo estudiado mucho y dedicado muchas horas a buscar recetas y herramientas, durante una sesión de coaching llega el momento de soltar y de confiar en que haremos exactamente lo que nuestro cliente necesita!

Para mí, es una invitación a conectar con mis emociones como coach, a escuchar mis tripas porque las sesiones que mejor han fluido fueron esas en que, estando cien por cien presente para mi coachee, confié en todo lo aprendido.

Gracias Silvia, Alicia y María por todo lo compartido.

 

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