Por Silvia Guarnieri, socia fundadora y directora académica de la EEC.

No sé si saben que una de las características que nos define a los coaches es la jerga que utilizamos. Una de esas particularidades  es, por ejemplo, que los coaches nunca preguntamos por qué nuestro cliente de coaching hace lo que hace, sino para qué va a hacer lo que va a hacer.

Dentro de nuestras creencias como coaches está el pensar que el porqué es siempre una historia que nos contamos, que nos construimos, que en el mejor de los casos es una excusa tranquilizante para nosotros o para nuestro entorno. Un excusa que usamos para ser comprendidos, para que nos quieran, pero que nos deja en el mismo lugar.

Por ejemplo, si le preguntamos a una persona por qué llega tarde probablemente nos dé una serie de explicaciones, diferentes cada día (eso sí, creatividad no nos falta) y aún más para esa persona lo que cuenta lo vive como verdad, es auténtica en lo que dice, cree en ello.

Sin embargo, si le peguntamos para qué hace lo que hace es probable que se resista a darnos una respuesta, que no entienda la pregunta, o le cueste contestar. El para qué nos habla del coste que pagamos con cada comportamiento y el beneficio oculto, tal vez para mí, de comportarme así . En esta segunda pregunta, aparecen cosas tales como “ no me gusta esperar”, “me gusta aprovechar el tiempo”, “que me esperen”, etc…  Preguntar para qué sí revela lo que hay detrás de un comportamiento.

Socia fundadora y Directora Académica de Escuela Europea de Coaching, coach MCC por ICF