Muchos años dedicados a la docencia universitaria y varios cambios de planes de estudios vividos, me han enseñado que es posible impartir docencia de calidad a pesar de una rígidas y obsoletas estructuras educativas y unos sistemas de evaluación siempre mal diseñados, que ignoran al alumno por completo.

Por Beatriz Encinas, coach certificada en EEC, miembro de Gicaf en EEC. Docente en Universidad Politécnica de Madrid.

En contra de las quejas siempre escuchadas a mi alrededor en la docencia, esos cambios de planes de estudios o de asignaturas impartidas, no me han afectado nunca, ni me han supuesto trastorno, mas allá de emplear mis veranos en reestructurar contenidos. Contenidos, eso a lo que el sistema educativo está tan apegado, pero que en sí mismo no constituye más que una pequeña parte de lo que la formación integral de personas debería suponer.

Muchas veces he escuchado las preguntas: ¿cómo eres capaz de ser todoterreno de esta manera? ¿cómo puedes adaptarte a impartir disciplinas tan diferentes, y conseguir nivel de asistencia, a pesar de la aparente dureza de tu evaluación continua? ¿por qué renuncias a los exámenes, con lo cómodos que son?

Mi respuesta, por los pasillos, suele ser breve, pero quisiera aquí extenderme un poco más, por si pudiera servir de ayuda o reflexión a alguno de mis colegas, y contribuir así a avanzar en este apasionante mundo.

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Para mí, la labor docente se construye sobre una serie de pilares fundamentales:

1. Pasión por mis alumnos

Por las personas que han de liderar el mundo el día de mañana. Pasión por ser palanca para despertar pasiones. Pasión por contribuir a construir el entramado de personas, de profesionales, de líderes que la sociedad necesita.

2. Pasión por el conocimiento

Por descubrir cada día interconexiones y relaciones entre todos los ámbitos del saber, del aprendizaje y de la acción, y compartirlo con mis alumnos. Como profesor intento iluminar su camino por el apasionante mundo del aprendizaje. Pero ellos me devuelven día a día toneladas de sabiduría que agradezco, y que cada año me ayudan a construir excelencia en la práctica docente.

Los alumnos son sabios. Si los docentes aprendemos a escucharlos, descubriremos áreas de conocimiento nuevas que harán que nuestra labor de docencia se enriquezca día a día y sea verdaderamente práctica y duradera.

3. Transversalidad

No tiene sentido considerar las materias y las áreas de conocimiento como estancas y con fronteras definidas. El conocimiento, el mundo en el que nos desenvolvemos es un todo, y los alumnos van a salir a él a trabajar, competir, posicionarse… y tienen que estar preparados para abordar sin miedo cualquier evento que se les presente.

Trabajemos la transversalidad. Cooperemos entre departamentos. Marketing, finanzas, psicología, física, filosofía, ingeniería, historia, medicina, lenguaje, matemáticas… están íntimamente relacionadas. Si los chavales son capaces de descubrir esas relaciones y aprenden a explorarlas, si consiguen perder el miedo a traspasar fronteras de conocimiento levantadas artificialmente por concepciones anticuadas y rancias fundamentadas en creencias limitantes, tendremos en el futuro a líderes brillantes, maravillosos, capaces de tomar decisiones fundamentadas y valientes.

Si los profesores no trabajamos nuestros miedos y continuamente imaginamos líneas rojas de conocimiento que “no podemos traspasar porque invaden áreas de conocimiento ajenas”, si seguimos viviendo en el paradigma que lleva a no compartir, a no cooperar por miedo a perder nuestro sitio en el entramado docente, transmitiremos esos miedos a nuestros alumnos y ellos los llevarán puestos como un sombrero toda la vida.

4. Trabajo en el aula retador y por equipos

Ahora se llama “aprendizaje basado en proyectos” y “aprendizaje colaborativo”. Orientar a los alumnos hacia la acción, a perseguir objetivos y retos en equipo. Dos competencias fundamentales en el mundo en que tendrán que desenvolverse en el futuro, y que los planes de estudio no evalúan, ni valoran en la actualidad.

Los planes de estudios evalúan el conocimiento de las competencias, pero no la competencia como tal, y esa evaluación se acaba convirtiendo en un fin en sí misma –y perdiendo todo su sentido – cuando olvidamos que el alumno está en el centro de nuestra labor.

5. Fomento del espíritu crítico

Aprender a cuestionar lo que leen, lo que escuchan –incluido lo que escuchan de mí-, generar debate para que cada uno de ellos pueda conformar su propia opinión y no limitarse a aceptar las ajenas como buenas e inamovibles. Permitámosles avanzar como personas, como profesionales, démosles herramientas para caminar por un mundo en el que el cambio permanente es lo único estable. Para ello es fundamental que sean capaces de diferenciar entre conocimientos, competencias y creencias, y trabajar de manera consciente con cada uno de estos conceptos.

Ya lo decía Ortega y Gasset : “Los conocimientos los tenemos. En las creencias vivimos.”

6. Buscar la singularidad de cada uno de los alumnos, y la potencialidad del grupo

Querámonos como docentes, como profesores. No renunciemos al disfrute que supone trabajar para descubrir lo que hace único y especial a cada alumno.

7. Trabajar las materias desde la práctica, y no sólo desde el estudio

Aportar experiencias prácticas sobre cada asunto que estemos abordando en el aula, y compartir los aprendizajes vividos con los alumnos, ya sea sobre la base de los éxitos o de los fracasos. Como profesionales de la docencia no debemos olvidar que lo que simplemente se estudia, se olvida en su mayor parte. Pero lo que se vive, se aprende para siempre.

 

Podemos impartir docencia a pesar de las rígidas estructuras con las que convivimos. Aprendamos a amar la docencia en sí misma, como un reto precioso. Aprendamos a mirar a nuestros alumnos con otros ojos. Descubriremos el potencial que hay en cada uno de ellos, y nos apasionará la experiencia de poder contribuir a ser ese trampolín que necesitan para que ese potencial acabe conformando un gran profesional, un gran líder , una gran persona.

Disfrutemos de la docencia, querámonos, regalándonos el reto cada día de una mirada atenta y apasionada de nuestros alumnos, del sentido y la importancia de nuestra labor. ¿Qué pasaría si así fuera?

 

Ya puedes leer los post de nuestros alumnos de programas de formación en coaching.