Nada tiene que ver un coach de La Voz, un coach de béisbol, un coach de moda… con un coach ejecutivo.

Nada tiene que ver recomendar, aconsejar, conducir e, incluso, dirigir. Nada tiene que ver empujar a alguien a hacer, pensar o decir algo desde una posición de “yo sé algo que tú no sabes” con lo que hace un coach ejecutivo, que es despertar en alguien una luz para que se cuestione a sí mismo sus emociones, sus acciones y sus deseos desde una situación de igualdad.

En nada se parece entrenar a alguien para que haga lo que yo como experto considero que es bueno para él/ella, a entrenar a alguien para que mejore en su conexión consigo mismo, para que descubra qué se le da bien y lo potencie, para que mire la realidad desde otra perspectiva y, una vez ahí, decida qué quiere hacer.

Además de nunca dar consejos, no es un coach ejecutivo si te pregunta por qué:

  • ¿Por qué has hecho lo que has hecho?
  • ¿Por qué no haces esto otro?
  • ¿Por qué no pruebas a decir?

Un coach ejecutivo pregunta para qué con la intención de trasladar al preguntado a un lugar nuevo. La pregunta ¿para qué has hecho lo que has hecho? lleva a responder pensando en los objetivos de lo que se hizo, y no en los motivos; traslada la mirada hacia futuro y a lo que sucede después, y permite revisar y asumir la responsabilidad de la acción así como las consecuencias y resultado que ocurrieron después.

Y un coach ejecutivo te va a acompañar hasta que conectes con tu deseo y tu interior, hasta que centres el foco, te pongas en acción y logres el reto que te has propuesto. Y te va a preguntar:

  • ¿Cuál es tu objetivo?
  • ¿Qué recursos tienes para lograrlo?
  • ¿Qué te impide conseguirlo?

Este verano, y a la vuelta de vacaciones, ¿te vas a poner en marcha?

En Escuela Europea de Coaching acompañamos a personas y organizaciones a mejorar sus resultados, a través del coaching.