Por Covadonga Gonzalez Quintana, alumna del Programa de Certificación en Coaching Ejecutivo en EEC.

A lo largo de mi vida, he tenido serias dificultades para decir que no. También he tenido la oportunidad de abordar este asunto como cliente de coaching en varias sesiones en la EEC. En mis relaciones personales, sentir que no podía decir no, me ha llevado a no poner límites, a olvidarme de mí y a sentirme incapaz de cuidarme a mí misma.

Ahora, he logrado ser consciente de las creencias que sustentaban mi dificultad para decir que no y provocaban que entrara en situaciones o relaciones que en el fondo no quería o que hubiera querido abordar de otra manera.

Dos eran, principalmente, los pensamientos limitantes que me impedían decir no:

1. Hacer lo que se espera de mí. Desde pequeña me ha marcado mucho el nivel de exigencia de mis padres. Ellos marcaban a donde tenía que llegar y yo simplemente hacía lo que se esperaba. Como adulta, esto me ha hecho sentir que traicionaba mi yo y a no darle importancia y a dejar en segundo plano lo que yo realmente quería. Eso me hacía conectar con la tristeza y la rabia.

2. Podrían dejar de quererme. Temía que al decir que no sería abandonada. Me sentía como una niña pequeña sola y sin recursos. Como adulta, he logrado ser consciente de que sé cuidar de mí misma y de que soy capaz de liderar mi vida, como de hecho hago y me demuestro cada día. Veo que mis miedos infantiles no tienen base en mi yo actual y me doy cuenta de que el precio que pagaba era mayor al miedo, pues inhibía mi deseo y solamente cubría las necesidades del otro.

¿Qué problemas me encontraba por no decir no y ya he resuelto?

Atentar mi dignidad. El problema más importante pues me llevaba a traicionarme a mí misma. Comprometía mi dignidad porque no hacía valer mi espacio, mis deseos, mis necesidades. Recuerdo el día que leí el párrafo Mi dignidad en el libro de Echevarría. Lo tengo grabado.

Incumplir promesas. Iba adquiriendo tantos compromisos que, muchas veces, me veía metida en cosas que no quería. Al final, lo único que conseguía era lo contrario a lo que buscaba: que se enfadasen conmigo, decepcionar… ¡Con lo fácil que hubiera sido decir no!

Pérdida de relaciones. Esto es así. Me mantenía en relaciones con una actitud de servilismo y sumisión que poco tenían que ver conmigo y me llevaban al resentimiento. Cuando, finalmente, valoraba lo que realmente sí quería, llegaba la separación. Era algo evidente que podría haber abordado antes sin gastar tanta energía emocional. Ahora sé sacar de mi vida lo que no suma y decir no ahorrando energía y luz.

Resentimiento. El resentimiento estaba siempre ahí. Yo utilizaba las palabras “me siento ninguneada” porque pensaba que el otro no se daba cuenta de lo que yo quería o no quería de verdad. Hacía a la otra persona responsable de cuidar mis deseos, cuando es mi responsabilidad.

Peticiones. He analizado a fondo este punto porque cuando me a mí me decían “no” también lo llevaba fatal. Veía los noes de los demás desde las mismas creencias: no me quieren, no gusto, no me aceptan. Empezar a respetar mi espacio y mi deseo me permite aceptar el del otro también y fluir de forma más natural. De hecho, reduce el mundo de “la expectativa” y paso a un plano más real que me deja más liviana, más tranquila y más feliz.

La declaración del no 

Este es una de los aspectos de mi vida más reveladores. Pasar por Escuela Europea de Coaching me ha permitido ser más consciente de lo que implicaba ese acto, cambiar a otros juicios, a otras emociones y, sobretodo, a asumir el respeto por mí misma, algo que me corresponde a mí.

En Escuela Europea de Coaching acompañamos a personas y organizaciones a mejorar sus resultados, a través del coaching.