Por Eva López-Acevedo

De 1990 a 1998 trabajé como Directora de Programas en Grupo Especial Directivos. Durante ocho años estuve conectada a todo tipo de tendencias empresariales, legislativas, tecnológicas, medioambientales y sociales. Todo ello para diseñar Seminarios que ofrecieran información novedosa y valiosa a los asistentes, además de permitirles anticiparse en su estrategia o a tomar decisiones de futuro diferentes para mejorar sus negocios.

El afán que perseguíamos con esas Jornadas era informar, no instruir o capacitar a nuestros clientes en alguna materia. Los participantes acudían fielmente a nuestros Seminarios para inspirarse, estar “a la última” y volver a sus empresas con dos o tres ideas nuevas que les permitiesen resolver algún obstáculo o simplemente anticiparse a su competencia. Pese a esta intención meramente informativa, siempre procuré elegir a los ponentes en función de tres criterios esenciales:

– conocimiento solvente y exhaustivo del tema a abordar (experto en la materia)
– amplia experiencia (ha puesto en práctica con éxito lo que va a transmitir)
– comunica bien (ya que no sólo es importante lo que se cuenta, sino “cómo” se cuenta)

Cuando inicié mi carrera de coach, conocí a Silvia Guarnieri, y ambas fundamos en 2003 la Escuela Europea de Coaching, nuestro objetivo fue más ambicioso: diseñar un Programa de certificación en coaching ejecutivo diferente, capaz de convertir a los participantes en coaches. ¡Todo un reto!

Las tres premisas válidas para los Seminarios se nos quedaban a todas luces cortas ya que en nuestra experiencia, las competencias básicas que debe manejar un coach para hacer bien su trabajo no se pueden inocular, ni se adquieren sólo a nivel conceptual oyendo a un ponente, por brillante e interesante que sea lo que cuente. No basta con conocer la teoría: hay que experimentarla, incorporarla y practicarla hasta poder llevarla a cabo de forma natural, con fluidez y eficacia. Cada alumno llegaría además con algunas habilidades adquiridas pero carecería de otras fundamentales para ser Coach, de tal manera que el Programa debía garantizar un aprendizaje transformacional individualizado.

Echando la vista atrás y tras diez años entrenando a coaches en tres países diferentes, estamos satisfechas porque hemos logrado sin duda nuestro objetivo. En cada edición de nuestro Programa de certificación en coaching ejecutivo tomamos mayor conciencia del poder de nuestra metodología. Sabemos hoy que la diferencia con otros programas no está en el SABER, sino en el SABER HACER.

Mis premisas básicas para diseñar los Seminarios de antaño se han convertido en, como mínimo ocho, que hacen de nuestro Programa de certificación un aprendizaje transformacional único:

1.- Los participantes experimentan en primera persona las competencias de Coaching antes incluso de conocer los conceptos y teorías que las sustentan.

2.- Practican durante todo el Programa con ellas y aprenden tanto de sus aciertos como de sus errores, con la constante supervisión de Coaches Profesionales experimentados.

3.- Centramos las sesiones únicamente en aquellas materias que garantizan que los participantes aprendan a hacer coaching “a pelo”, sin más instrumento que el poder de su conversación con el cliente, obviando otras disciplinas colaterales o herramientas que –pudiendo ser útiles- no son competencias esenciales de coaching.

4.- La Dirección Académica de la EEC ejerce en todo momento de hilo conductor en el aprendizaje de nuestros alumnos, evitando que el Programa sea una mera lista de Ponencias magistrales pero inconexas entre sí, o que se repitan/olviden temas relevantes. Atiende además las necesidades individuales de cada participante y recomienda tareas, lecturas o sesiones adicionales supervisadas para garantizar el aprendizaje y la evolución como coach.

5.- Nuestro equipo docente está compuesto exclusivamente por coaches profesionales (todos ellos PCC y MCC por la International Coach Federation), experimentados y en activo.

6.- Todos ellos enriquecen nuestro Programa de certificación con sus casos prácticos, no a la inversa. Ahí está la coherencia; no existe “gap” alguno entre lo que hacen como coaches y lo que transmiten a los alumnos en el aula.

7.- Los coaches supervisores llevan a cabo un seguimiento de la evolución de cada participante y les también les asisten para progresar en su aprendizaje.

8.- Si al término del programa algún alumno no está aún suficientemente preparado para obtener nuestra acreditación (ACTP por la International Coach Federation), mantenemos nuestro compromiso con su aprendizaje y continuamos asistiéndole para que lo complete.

Como en los Seminarios que convoqué en su día, hay muchos ponentes, jornadas y cursos sobre coaching capaces de trasladarte en qué consiste esta disciplina, inspirarte o de hacerte reflexionar. Si sólo quieres SABER de coaching, probablemente no necesites cursar ningún Programa específico. Lee cuanto encuentres sobre el tema, asiste a Conferencias de Coaches profesionales en activo (que ejerzan, no sólo que hablen desde lo conceptual) y saca tus propias conclusiones.

Si por el contrario eres más ambicioso y deseas capacitarte para ejercer una profesión apasionante, reflexiona acerca de las ocho premisas que acabas de leer y que persiguen que SEPAS HACER Coaching (y no otra cosa). ¡Tú decides!

En Escuela Europea de Coaching acompañamos a personas y organizaciones a mejorar sus resultados, a través del coaching.