Por Fernando Vargas, executive coach y director de proyecto en la EEC.

Desde hace un tiempo es común leer o escuchar la reflexión: “no estamos viviendo una época de cambios sino un cambio de época”. Si esto es así, necesitamos nuevos paradigmas para interpretar la realidad y construir el futuro. A nivel sociológico, desde tiempos muy remotos en la historia de la humanidad, esto viene sucediendo cíclicamente.

Uno de los cambios que se me antojan fundamentales en esos momentos, tiene que ver con el estilo de los líderes.

La identificación de “liderazgo con poder” ya no sirve como modelo. Hemos visto cómo las consecuencias de este binomio suelen estar relacionadas con tomas de decisiones partidistas, falta de honestidad y transparencia, líderes aferrados a sus cetros, cambios de las reglas del juego para perpetuarse en el cargo, beneficios inexplicables, mentiras encadenadas y otras muchas acciones de escaso valor ético.

Por todo ello, cada vez nos cuesta más depositar nuestra confianza en aquéllos que se erigen como líderes cuando interpretamos que asocian liderazgo con poder. Pues ignoramos si interiorizan el consejo que recibe Peter Parker cuando asume su nueva misión como Spiderman, “tener un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.

A partir de esa reflexión, decidió poner su poder al servicio de los demás en lugar de al suyo propio. La diferencia de este personaje, comparado con muchos de los líderes actuales, no está solamente en su capacidad para trepar paredes y oír a distancia, o en volar y tener rayos X en los ojos, como en el caso del “hombre de acero”.

La verdadera heroicidad de Spiderman radica simplemente en su firme decisión sostenida de ponerse a disposición y al servicio de los demás, en lugar de usar su poder en su propio beneficio ¡eso sí que es heroico!

Es el modelo de líder que ya está triunfando en las organizaciones actuales, el que entiende que su misión principal consiste en “empoderar” a su equipo y propiciar el desarrollo de aquellos a quien dirige.

Un líder comprometido en sostener la coherencia de hacer lo que dice, de cumplir sus promesas, de hacerse predecible, de mostrarse confiable y actuar con consistencia; un líder que comparte su visión y anima para que cada uno asuma su propia responsabilidad y se comprometa a hacer todo lo que esté en su mano para contribuir al objetivo común; un líder con valores en los que sustenta su quehacer cotidiano, que se muestra vulnerable y cercano; un líder que es capaz de pedir perdón y dar las gracias, creciendo y haciendo crecer a los que lidera; un líder que exige y que da; que pide y ofrece, con equilibrio.

Estos nuevos superhéroes no llevan capa ni máscara, no vuelan ni tejen marañas, sino que están dentro de cada uno de nosotros. Son el líder-coach que todos llevamos dentro.

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