Si pudiera pedir sólo un deseo para este año, pediría un poco más de amor… un poco más de amor hacia uno mismo y un poco más de amor hacia los demás.

Un poco más de amor para permitirnos equivocarnos, para darnos margen y libertad, para aprender de lo sucedido y no “regodearnos” con la culpa, para conectar con nuestras necesidades, para ser generosos con nosotros mismos, para ser merecedores de recibir, para aceptar nuestras “sombras”….

Y, en la otra mirada del espejo, un poco más de amor para permitir que el otro se equivoque, para darle margen y libertad, para buscar responsables (que no culpables), para conectar con las necesidades de los demás, para ser generosos con los otros, para dar, para aceptar las “sombras” de los demás…

Bastaría con escoger un ámbito y una persona (el otro o yo mismo) para marcar la diferencia.

Como el cuento del niño que iba devolviendo al océano, una a una, las estrellas de mar que se habían quedado en la orilla y que morirían si se mantenían sin agua. Alguien se le acercó y le dijo: “¿No te das cuenta de que tu tarea es imposible? Hay un montón de estrellas. ¡No lo conseguirás!”, a lo que el niño respondió lanzando una de ellas de vuelta a su “hogar”: “Para esta, sí ha marcado la diferencia”.

En estos momentos del entorno desafiantes, en los que prima el sufrimiento, el miedo, la frustración, la rabia, ¿qué marca quieres dejar? Tenemos la posibilidad de aumentar el nivel de amor y armonía para cambiar el entorno. Al fin y al cabo, el amor conquista el miedo.

Nuevas investigaciones del “HeartMath Institute” en psicofisiología y neurocardiología revelan que el corazón es un centro organizador esencial, que dispersa información en el cuerpo y que, además, está íntimamente involucrado en nuestras emociones.

El “HeartMath Institute” ha descubierto que el corazón tiene también un campo de energía electromagnético que envuelve nuestro cuerpo 360 grados. Si estamos sintiendo frustración o rabia se perciben unas señales electromagnéticas muy caóticas procedentes del corazón. En cambio, con emociones como el aprecio, la gratitud, el amor, la calma, se genera un ritmo cardíaco coherente. En este caso, las dos partes de nuestro sistema Nervioso Autónomo funcionan de forma armónica haciendo que nuestro cuerpo trabaje eficientemente.

Así que sembrar un poco más de amor, no sólo impactará en nuestro exterior, en este entorno desafiante que tenemos, sino también en nuestro interior, en nuestro propio bienestar. Por ello, te invito a marcar la diferencia, te invito a ser un sembrador de amor. ¿Te imaginas la cosecha a final del año?

Directora Académica EEC Cataluña. Formadora y Coach PCC.