Por Anais Rubió-Galván, coach y coordinadora de EEC Alumni.

Como una de las actividades del vigésimo aniversario de la metodología The World Café, tuve la oportunidad de participar en un WC virtual con gente de nacionalidades, edades y experiencias muy diversas.

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Dos horas hablando sobre nuestra experiencia y nuestros sueños en torno al WC, metodología que ya conocemos en la EEC. En mini-grupos de 4/5 personas y tres rondas de preguntas simulamos lo que sería un World Café presencial. Volcamos las conclusiones de nuestras rondas de conversación en un documento común que la organización nos había habilitado en Google Drive. Personalmente, sentir que al mismo tiempo que tú, otras treinta personas de todo el mundo hablan sobre cómo mejorar el mundo a través del diálogo WC y escriben sus conclusiones utilizando una herramienta abierta y colaborativa, pone los pelos de punta. Me invadió una sensación de fuerza, de conexión y de esperanza, de mucha esperanza.

Hicimos tres rondas en las, como no, las “preguntas abiertas sobre cuestiones que importaban” fueron las protagonistas.

Ronda 1. ¿Qué estamos personalmente celebrando en este vigésimo aniversario del WC?
Ronda 2. En estos veinte años, ¿qué hemos aprendido de nuestra práctica con el WC?
Ronda 3. ¿Qué nos gustaría presenciar como éxito del WC en los próximos veinte años?

Celebramos cómo el haber descubierto esta metodología supuso añadir una nueva distinción para conversar desde otro lugar. Me gustaron especialmente las palabras de Michaela Sieh “Estoy celebrando la capacidad del World Café y de otras prácticas participativas de mantener un espacio para la luz y para la sombra, un espacio para la alegría y el dolor…”. A las que también me gustaría añadir las cuidadosas reflexiones de Anne Dosher, “No quiero impulsar el cambio, quiero que crezca orgánicamente y para esto nos ayuda el WC”.

En la segunda ronda destacamos aquello que, según nuestra experiencia, más influye en el éxito de un WC. Las conclusiones que más me gustaron fueron:
En el arte de ser “host” o facilitar es realmente el participante quien determina el resultado.

Es vital que el reto sobre el que verse el WC importe realmente a la comunidad, que nazca de su verdadera necesidad.

Las preguntas del WC han de estar bien definidas. Por ejemplo, en base al propósito y resultados esperados, ¿qué preguntas utilizaremos? ¿Cómo nos aseguraremos de que son las preguntas que tienen que ser y no otras? No olvidando que el proceso para la definición de las mismas ha de ser cuidado con pulcritud.

El silencio. Estar presente, permitiendo así una conexión profunda con lo que ocurre en el espacio. Ir más allá de la técnica, del proceso. Poner por encima, ante todo, a la persona y al emergente que ocurre en la sala. Siempre teniendo como marco los siete principios del WC.

En el contexto de utilizar esta metodología para resolver cuestiones de orden social y política, David Shaw destacaba que “tenemos problemas colectivos y muy a menudo escogemos soluciones individuales”, invitándonos a encontrar soluciones colectivas con la ayuda del WC.

La última ronda, fue la del sueño… ¡y sí que soñamos! Soñamos que en veinte años más, las narrativas habían cambiado, que las conversaciones en la vida social eran más significativas, que unían globalidad, tecnología y humanismo. En palabras de Claudia Roblee, “una alternativa a la violencia es expandir este tipo de conversaciones a través de la comunidad on line”. Y es que en definitiva, una vez que te unes a este barco, es difícil que tus conversaciones cambien. El broche final lo puso Juanita Brown que, junto con su marido David Isaacs y otros colegas, crearon por pura serendipia esta metodología en el salón de su casa, un día lluvioso de hace ahora veinte años. Sus palabras, como no, fueron energizantes para todos.

Me siento orgullosa de pertenecer a esta comunidad, espero poderles aportar tanto como ellos me aportan a mí. Parafraseando a Flavio Mesquita, “siento que mi alma WC se ha hecho más fuerte y más visible tras esta conversación”.

Gracias también a Amy Lenzo, tan comprometida y cariñosa. Siempre ayudándonos y haciendo posible que sigamos aprendiendo.

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Responsable de la comunidad EEC Alumni de Escuela Europea de Coaching y del área de desarrollo de negocio. Es Executive coach por la EEC, Licenciada en Psicología por la Universidad de Salamanca con Postgrado en Psicología Social y Organizacional.