Por Patxi Rocha del Cura, coach y formador en EEC.

Me lo enseñó un antiguo compañero con el que hacía Selección de Personal: “cuando tengo a un candidato delante para entrevistar, no lo veo como una entrevista más…  Pienso en todo el camino que ha hecho desde que le llamé a su casa para citarle hasta que se sienta delante de mí …  Imagino cómo se lo contó a sus padres, a su pareja, a sus amigos… ¡tengo una entrevista de trabajo!… Lo imagino eligiendo y planchando la ropa que se pondrá, entrando en internet para saber más sobre la empresa de la que podría formar parte, durmiendo quizá mal el día antes, ilusionado porque ese trabajo le puede cambiar la vida… Cogiendo un metro o un bus para venir hasta aquí, tomando un café antes de preguntar por mí en recepción… Esa persona –continuaba mi amigo- merece todo mi respeto y dedicación… Aunque yo sepa que no lo voy a seleccionar, merece que le trate en esos minutos que estaré con ella,  como la persona más importante del mundo en  ese momento…”

Y no lo olvido… Cada vez que imparto una sesión de formación o hago una sesión de coaching, me acuerdo y me digo: voy a ser la mejor versión de mí mismo para quien está enfrente, voy a hacerlo lo mejor que sé, porque esa persona espera de mí que cumpla el compromiso que tengo de ser un buen formador o un coach que le enseñe o le ayude a desentrañar esa parte de su vida que no funciona como él querría.

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Eso no quita que pueda tener malos días, que pueda estar enfadado, irritado, triste o desganado pero,  aunque en ocasiones tenga la opción incluso de compartirlo con mi cliente, o avisar desde qué emoción estoy trabajando,  no es óbice para decirme: esta /s persona /s esperan que cumpla mi compromiso y yo lo voy a hacer.

Todos tenemos la opción de hacerlo

En aquello que hagas,  tienes la opción de ser la mejor versión de ti para el otro. Sirviendo un café, atendiendo por teléfono, arreglando una avería si eres de uno de esos gremios que nos hacen la vida más fácil, atendiendo en una ventanilla…. en cualquier lugar donde estés o vivas….

Muchas veces no es fácil… Estás agobiado por problemas, graves en ocasiones, tienes mal día o la persona o personas que son tus interlocutores crees que no lo merecen o no lo apreciaran… Es cierto, esto ocurre. Puedes verter tu tristeza en forma de rabia o malos modos hacia esas personas. Puedes ponerte a la altura de aquellos que estimas no merecen o no apreciaran tu mejor versión… De hecho, es una elección bastante común trasladar la propia insatisfacción a alguien que ni la conoce ni tiene nada que ver con ella. Por suerte, también es moneda de uso corriente ser amable, solícito y comprometido con quien no lo es.

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Alinear nuestros valores con nuestros actos

Te digo lo que a mí me sirve. Lo hago por mí, porque considero importante alinear mis valores con mis actos, al margen de lo que el otro haga. Un ejemplo. Frecuentemente transito una autopista de peaje. Cuando llego a una de las cabinas de pago, digo buenos días, me da un recibo por favor?, mientras le doy el ticket de autopista y el dinero. Me da las vueltas y digo, gracias, hasta luego. Muchas veces no obtengo ninguna respuesta, ni siquiera me mira a los ojos. Sí, ya sé que pasan miles de coches al día, que es un trabajo tedioso, que pasan frío en invierno… Ahí me quedan dos opciones: hacer lo mismo que mi enmudecido interlocutor, o seguir saludando y pidiendo por favor un justificante,  dando las gracias y despidiéndome. Opto por esta segunda.

Siempre digo que un camarero te cambia la vida, y no por los espirituosos o las delicias culinarias que te pueda servir, sino porque aunque no te arregle tus problemas, te puede cambiar el humor. Ya no podemos tener a mamá para que nos ponga sin demora un café con leche o un plato de lentejas, y el camarero con su amabilidad, su ironía o su silencio nos reconcilia de un mal día. El ejemplo del camarero vale para cualquier actividad, ya que cada uno de nosotros es un agente de cambio: tus emociones se contagian y, como cuando sale el sol o cuando llueve, el clima propicia que hagamos unas cosas y no otras. La versión de ti que muestres (y entrenes) hará que a tu lado pasen unas cosas y no otras.

No hay que renunciar a la Sombra que todos tenemos y vivir en un estúpido optimismo, pero sí que tu lado luminoso aflore en esa parte que tiene que ver con lo que hagas para asistir a otros.

¿Para qué no ser la mejor versión de ti mismo?

En Escuela Europea de Coaching acompañamos a personas y organizaciones a mejorar sus resultados, a través del coaching.