¿Dar? ¿Recibir? ¿Dar y recibir? Acabo de volver de un retiro de meditación, centrada durante varias horas en la respiración. Y, allí estaba yo, buscando enfocarme en el proceso de respirar, mirando de no dejar vagar mis pensamientos. Y, en ese proceso de ser consciente de un acto que hacemos de forma inconsciente la mayor parte del tiempo, me vino la reflexión conectada sobre el arte de dar y recibir; sobre el proceso de recibir de la vida el oxígeno y devolverlo, transformado en dióxido de carbono, para que pueda ser útil para otros organismos.

Por Blanca Huarte-Mendicóa, directora académica de la EEC en Barcelona.

Me di cuenta de la grandeza de este proceso, que nos conecta con la naturaleza tanto a la hora de recibir como a la hora de dar. Continuando con esta reflexión ligada a nuestro día a día, conecté con una de las leyes del enfoque sistémico, que es la ley del equilibrio entre el dar y el recibir: “doy y recibo proporcionalmente”.

En cualquier relación, si no hay equilibrio entre lo que doy y lo que recibo, o entre lo que recibo y lo que doy, la relación se muere, no tiene vida. Ya sea de trabajo, de amistad, de pareja… Y así lo asocié con el proceso de respirar: si no dejo espacio para recibir de la Vida, no puedo dar, no hay Vida.

Y me pregunto, cuántas veces nos fijamos en el equilibrio que entre dar y recibir estamos generando en nuestras relaciones (con la empresa, con el equipo, con los amigos, con nuestra pareja, etc). No incluyo la relación con los hijos porque se entiende que la relación es incondicional de padres a hijos y que, posteriormente, éstos lo devuelven a través de los suyos propios. Sin duda, las cosas no son siempre así de sencillas o de automáticas.

Hay factores que dificultan ese equilibrio entre dar y recibir:

  • esperar recibir de la misma forma en la que damos (cuando en la naturaleza el proceso se transforma de oxígeno a dióxido de carbono).
  • no permitirnos pedir ( lo que nos dificulta a dar de forma completa).
  • la dificultad o creencia de que no me merezco recibir (pero si no recibo, ¿qué tengo para dar?)
  • dar mucho más de lo que la otra persona es capaz de devolver (generando un desequilibrio en el que nos quedamos vacíos y el otro en deuda).

Dentro de la empresa, ¿estoy aportando lo que puedo aportar, pido lo que me merezco en función del trabajo que realizo, busco ascensos no merecidos, reclamo reconocimiento? En relación a mis relaciones, ¿cómo estoy siendo?

¿Me permito dar, me permito pedir, me permito recibir, siento que merezco que me den?

Os invito a imaginar este desequilibrio desde el proceso de la respiración, ¿qué pasaría si sólo inspirara, sin soltar? y ¿qué tendría yo para expirar si no estuviera abierta a recibir?

Esta reflexión, conectada conmigo y con los valores que me inculcaron en mi casa sobre “estar siempre al servicio de los demás”, me lleva a estar más abierta a recibir y no sólo a dar. Porque, ¿cómo voy a poder dar si no he recibido?, ¿cómo es la calidad de lo que regalo si no me permito regalos? Porque, sin duda, respirar es un regalo de la VIDA, que nosotros devolvemos para que otros también puedan hacer su proceso.

En una ocasión escuché la frase “nosotros no respiramos; sino que la vida nos respira a nosotros”. Y algo en la frase me cautivó, aunque no ha sido hasta estos días en silencio que he podido captar la grandeza de estas palabras.

¿Te sirve esta reflexión? ¿Qué te llevas de ella?

En Escuela Europea de Coaching acompañamos a personas y organizaciones a mejorar sus resultados, a través del coaching.