“Me atraía mucho y lo hice, pero me siento muy culpable”. Esta frase es pronunciada a menudo durante las sesiones de coaching. El sentimiento de culpa nos lleva al conflicto con los valores con los que manejamos nuestras vidas.

¿Para qué nos sirve el sentimiento de culpa?

Para nada o, como mucho, la culpa nos sirve para hacernos la vida más complicada, más incómoda, más angustiosa. Esta es una creencia generalizada. También es una creencia generalizada considerar que la culpa tiene únicamente un origen religioso, casi bíblico, que nos han transmitido en la infancia merced a una educación religiosa católica basada en el pecado original. Un pecado que nos genera el sentimiento de culpa, pues cada vez que no cumplimos con los mandamientos recaemos en esta culpabilidad primaria, intrínseca, original.

La pérdida de la fe religiosa por parte de la sociedad actual y la creciente fascinación por la divina ciencia y su sacerdote “la tecnología” nos está liberando de este sentimiento de culpa religioso pero, al tiempo, nos genera otro sentimiento propio de una sociedad tan competitiva como la nuestra.

Estar o no estar a la altura

El sentimiento que actualmente nos incomoda es el de no estar a la altura de lo que la sociedad exige e, incluso, de no estar a la altura de lo que nosotros esperábamos de nosotros mismos. Es decir, que el sentimiento de culpa se ha vuelto laico. Ya no depende del incumplimiento de los mandamientos divinos sino del incumplimiento de nuestras expectativas profesionales, sentimentales, educativas, etcétera…

Angustia religiosa vs. angustia vital

Hemos sustituido la angustia religiosa por la angustia vital. La publicidad, los medios de comunicación y las llamadas redes sociales han extendido la idea infantil de que si no conseguimos aquello que deseamos es debido a una carencia de nuestra personalidad, falta de voluntad, por ejemplo, o falta de talento o de actitud y esto, inevitablemente, nos conduce a considerarnos culpables.

Nos invade la culpa con las consecuencias que todos conocemos; comportamientos agresivos, depresión, tristeza…

Haciendo frente a la culpa

Para evitar tomarnos la vida como una pesada carga que nos angustia es importante liberarse de esta tiranía social tan competitiva, y responder de una manera más personal y más honesta a la pregunta con la que iniciamos estas líneas: ¿para qué nos sirve el sentimiento de culpa?

La culpa nos sirve para conocernos. A través de este sentimiento podemos descubrir cuáles son nuestros miedos, nuestras aspiraciones e incluso el material del que realmente estamos hechos.

¿Y tú, con qué valores que manejas tu vida?

Responsable de Escuela Europea de Coaching en Bilbao, Executive coach PCC por ICF y Licenciada en Psicología.