Por Sandra Díaz-Leonardo, coach y formadora en EEC 

Los expertos del cine de animación, Disney-Pixar, han invertido 5 años, realizado más de 177.000 dibujos y hasta 7 versiones de la película completa para crear una maravilla: “Inside out”,  que se ha estrenado en España hace unos días. Destinada a convertirse en una de las películas de año, parece dirigida a los adultos, más que a su público habitual. Ya en anteriores películas de esta factoría aparecían escenas, pequeñas líneas argumentales y guiños dirigidos al público adulto (“Up”, “Toy Story”, “Ratatouille”, entre otras).

Con una base y un rigor científicos al servicio de una historia entretenida y dinámica, la película nos acerca al conocimiento de las emociones y de su impacto en la vida diaria de una familia, desde la mente de una niña. Los protagonistas de la historia están dentro de la cabeza de los personajes –la niña y sus padres, especialmente la primera-.

En mi opinión, el argumento quiere dar respuesta a preguntas que con frecuencia nos hacemos los coaches: ¿todas las emociones son igual de necesarias?, ¿debemos permitirnos la tristeza, la ira…?

Una de las teorías usadas para definir los personajes en la película animada es la de Paul Ekman, un pionero en el estudio de las emociones y que ha sido consultor de otras empresas de cine animado. Otro científico que también aportó sus estudios al Director Peter Docter, es Daltcher Ketner, profesor en la Universidad de California, que ayudó en la comprensión de los procesos en los que se deja atrás la infancia, así como aquellos en que una emoción puede “teñir” los recuerdos que tenemos.

Como breve argumento: Riley, de 11 años, debe dejar el Medio Oeste de Estados Unidos cuando su padre consigue un nuevo trabajo en San Francisco. A partir de este quiebre en el fluir de la vida de Riley, comienza una revolución silenciosa en su interior. Cinco emociones básicas acompañan a la niña en este duro cambio, y de todas ellas, la más fuerte –por ser la más habitual en el repertorio infantil- , la “socialmente mejor vista”, quiere dirigir un paradójico duelo sin dolor y se hace protagonista: la alegría. Junto a ella, en los mandos emocionales de la protagonista, aparecen la tristeza, el asco, el miedo y la ira. Comienza un viaje vertiginoso de la pareja alegría-tristeza (juntas por azar aunque se descubren imprescindibles ambas al final).

La película es divertida, intensa en muchos momentos, remueve. Consigue de verdad que el espectador empatice con la protagonista. No voy a contar más detalles para no hacer spoiler a las personas que aún no hayan visto la película

¿Qué aprendizajes y reflexiones puede aportar la película?

  • Las emociones están. Todas aparecen como reacciones ante los acontecimientos de nuestra vida. Que nos permitamos o que tengamos oportunidad de mostrar lo que sentimos determina las acciones disponibles que tenemos y la manera en que nos hacemos cargo de nuestro presente y nuestro futuro.
  • La tristeza es legítima en los procesos de duelo y de cambio, y aprender a vivirla con autenticidad, apoyándonos en nuestros valores, nos permite mirar hacia el futuro, emprender cambios y aceptar, valorando los aprendizajes que obtenemos.
  • El color de los recuerdos determina la intensidad de los mismos y el papel que juegan en la construcción de los pilares de nuestra vida: valores , creencias…

Después del verano, cuando la mayoría hayáis tenido oportunidad de verla, comentaremos algunos detalles… Es una película que parece diseñada por y para coaches. Un guiño para que os fijéis: ese tren de los pensamientos a cuyo vagón saltan los personajes en escena, lleno de cajas de madera en las que está grabado “opiniones” y “hechos” y, atención, pequeño spoiler, la frase: «Vaya, todos estos hechos y opiniones se parecen tanto entre sí que no consigo distinguirlos».

¡No os la perdáis!

 

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