ICF marca un esquema de certificaciones en ocasiones complejo en su significado y en su sentido. Tras años como coach, creo que ya lo he entendido. Por Rosa Zappino, coach PCC por ICF y formadora en la EEC.

A lo largo de mi vida profesional en el ámbito del coaching, primero como coach y después como supervisora y mentora de coaches, me han surgido algunas dudas relacionadas con la carrera de coach a pesar de contar con información clara. En ocasiones, no he terminado de dar respuesta a los “para qués” que, como buena aprendiz de coach, me iba planteando. Me refiero, concretamente, al ámbito de la regulación de la profesión y las certificaciones de ICF.ICF Blog EEC

Después de unos años y unas cuantas horas de rodaje en este apasionante oficio de coach, he ido, poco a poco, encontrando mis propias respuestas. Y quiero compartirlas con vosotros, a través de este blog, pues quizá os estaréis haciendo preguntas similares. Vaya por delante que son solo reflexiones personales y que mi intención es provocar para que formuléis vuestras ideas.

¿Qué son las certificaciones de ICF?

Comencemos por la que me parece más básica. ICF (International Coach Federation), la mayor asociación internacional de coaches, con más de 25.000 miembros e implantada en más de 120 países, ha sido pionera en la auto-regulación de la profesión de coach y certifica tres niveles de capacitación profesional, basándose en la formación, experiencia y demostración de competencias profesionales del aspirante, a través de rigurosos exámenes.

La profesión de coaching no es una profesión regulada oficialmente en nuestro país, como pueda ser la medicina o la arquitectura. El coaching es una profesión que puede ser ejercida libremente sin necesidad de ningún título o acreditación oficial. En este contexto, las certificaciones de ICF son de vital importancia para que las empresas o usuarios que deseen contratar servicios de coaching se aseguren, no sólo del nivel de profesionalidad del coach, sino también de que el coach acreditado está comprometido con el cumplimiento del Código Ético de ICF y vinculado a unos estándares de desempeño, que se basan en las Competencias Fundamentales del Coach definidas al efecto.

ICF determina tres niveles de Certificación: ACC (Coach Asociado Certificado); PCC (Coach Profesional Certificado) y MCC (Coach Master Certificado).

Cada uno de estos tres niveles requiere un número determinado de horas de formación específica en coaching (60, 125 y 200, respectivamente) y de horas de práctica de coaching (100, 500, y 2.500, respectivamente). Para mayor información, podéis acceder a la página de ICF.

¿Para qué obtener estas certificaciones?

Esta pregunta me resultó fácil responderla en su momento, teniendo en cuenta que en mi anterior vida profesional me había dedicado a temas de calidad en una empresa multinacional. Recuerdo que uno de los procesos más complejos de gestionar era la evaluación de proveedores. Necesitábamos asegurarnos que nuestros proveedores cumplían con unos estándares de calidad comunes para cualquier país dónde desarrollaran su actividad. Lo hacíamos por medio de certificaciones que ellos pudieran presentar o, incluso a través de procesos de evaluación de proveedores que desarrollábamos nosotros mismos para ciertos colectivos.

Sin duda, si hubiera tenido que evaluar a un proveedor internacional de servicios de coaching, habría requerido que los candidatos tuvieran una certificación de ICF. De hecho, éste es un requerimiento cada vez más generalizado de las empresas que quieren contratar a un coach.

¿Qué me aporta a mi como profesional tener una certificación?

Reconozco que este “para qué” lo descubrí después. El esquema de certificaciones de ICF está diseñado para los coaches en ejercicio. Una certificación no es algo que consigues en un momento de tu vida y ya es así para siempre. Las certificaciones son un reconocimiento a los diferentes grados de “seniority” que el coach va alcanzando en su trayectoria profesional. Esto supone un aliciente para el coach porque le indica el camino para seguir mejorando en su desempeño y no le deja que se “duerma en los laureles”. Cara al mercado, puede significar también una mayor posibilidad de ingresos para el coach al pasar al siguiente nivel de certificación, bien porque pueda acceder a colectivos de rango superior o incrementar sus tarifas como coach más experimentado y competente.

¿Cómo vinculo mi aprendizaje a las Certificaciones?

Decía al principio de este post, que el coach certificado por ICF estaba vinculado a un Código Ético y a unos estándares de desempeño. De hecho, es el espejo en el que el coach se mira para auto-evaluarse, porque esos son los criterios que utiliza ICF para conceder o no sus certificaciones.

Cada tres años, el coach certificado por ICF, recibe un recordatorio, diciéndole que si quiere renovar su certificación tiene que acreditar 40 horas de formación en Coaching, 27 de ellas en competencias clave del coach. En el caso de renovación del ACC, primer nivel de certificación, se requieren también 10 horas de mentoring al coach.

La pregunta queda respondida con este requerimiento: Todo coach certificado por ICF ha de estar vinculado a un proceso de formación continua en Coaching.

Profundizar en las competencias clave del coach, me ha permitido verme desde algunos ángulos que, hasta ahora no había contemplado y he descubierto que me faltaban en mi desempeño como coach. He incorporado elementos nuevos que no había considerado hasta ahora en mis sesiones, que me han sacado de mi caja de confort y me han impulsado a proponerme nuevos desafíos que me llevan a situarme en una nueva ‘casilla de salida’.

Y eso me hace sentirme vulnerable y aprendiz… Esta es mi penúltima pregunta. La última está todavía por formular.

En Escuela Europea de Coaching acompañamos a personas y organizaciones a mejorar sus resultados, a través del coaching.