Gran parte de los conflictos que surgen, en casa, con los amigos o en la oficina, suelen ser guerras de poder para conseguir que los otros hagan lo que nosotros queramos o peleas para tener razón, porque creemos que queda en juego y en entredicho nuestra propia valía personal, así que dedicamos mucho esfuerzo a tener razón también. Otros tienen que ver con nuestra incapacidad para decir que no.

Por María Ancochea, directora académica de EEC Madrid.

Otros conflictos surgen para defender nuestros territorios, estos conflictos consisten en dejar muy claro lo que me corresponde hacer a mí y lo que te toca hacer a ti y también tienen que ver con poner un límite para que el otro no se inmiscuya en mis asuntos.

Otro motivo más de conflicto en las relaciones tienen que ver con una incorrecta relación con la responsabilidad. Se produce tanto por las personas que no asumen la responsabilidad de lo que les corresponde como aquellas que asumen de más.

Es fundamental aprender a decir no.

Las personas que no saben decir no terminan cargadas con muchas más cosas de las que pueden resolver. Esto hace que se genere muchísimo estrés y enfados hacia las personas que les piden cosas. Pero este enfado deriva de su propia incapacidad de poner un límite.

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Por tanto, es muy saludable para mantener una armonía aprender a decir que no. Para ello, debemos tener claro, primero, si lo que nos están pidiendo es algo que nos corresponde hacer y, segundo, diferenciar que la respuesta no tiene que ser un no tajante, sino que también puede ser una conversación, para ver cómo podría ser posible un sí para nosotros. Es decir, aprender a negociar, de esta manera la respuesta a la petición sería un “no en este momento pero sí lo puedo hacer en estas otras condiciones”.

Evitar el conflicto es señal de falta de confianza y de falta de compromiso con el crecimiento.

Los conflictos son inevitables y no sólo son inevitables sino que en muchas ocasiones son ventajosos. El conflicto nos permite salir de nuestra zona de confort, es una invitación a mirar la realidad desde un ángulo distinto al que estamos contemplando. Por ejemplo, los equipos de trabajo salen reforzados cuando abordan de forma constructiva un conflicto. Lo que siempre debería ser un objetivo es evitar la agresividad y la destructividad como formas de afrontar el conflicto.

Las claves para convivir en armonía tienen que ver con tener claro cuáles son los roles y las funciones de cada uno. En la empresa o en casa, tiene que ver con establecer protocolos y conocer procedimientos para realizar nuestras tareas, porque estos dos aspectos permiten mantener un clima de seguridad donde sabemos qué podemos esperar del otro y también qué esperan los demás de nosotros.

Es clave también de cara a la convivencia en armonía el mantener el respeto tanto hacia los demás como a uno mismo. Una buena gestión emocional permite evitar desbordamientos emocionales en el entorno de trabajo y generar un clima de confianza.

Hemos de aprender a vivir reduciendo el daño a otros, pero sin la obsesión de tratar de no ofender nunca a nadie porque no está en nuestro alcance. Tampoco evitemos brillar por el miedo de hacer sentir mal a alguien, no podemos pasar por la vida de puntillas para no llamar la atención en un intento de no ofender.

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María Ancochea es coach PCC por ICF y Directora Académica de EEC en Madrid. Experta en Técnicas de Relajación y Visualización Creativa Silva Mind Control, ha participado en la creación de varios programas de EEC y como formadora principalmente en el Programa de Consciencia Emocional Conem by EEC.