Por Eva López-Acevedo, coach PCC y socia fundadora de la EEC.

Si alguien comenta sobre lo que haces, di gracias. Ni quiere criticarte, ni arruinarte el día, ni hacerte sentir mal. Todo lo contrario, probablemente lo único que pretenda es que mejores. Es decir, ayudarte a crecer.

Muy a menudo me he preguntado, cómo en ámbitos como el deportivo sí entendemos que es beneficioso tener a alguien (entrenador o profesor) que nos de feedback. Llegamos incluso a pagar a profesionales para que nos digan qué hacemos mal, pues es un modo de lograr hacer mejor las cosas… Escuchar a otro hablar sobre nuestros errores nos lleva a corregir postura, incorporar técnicas, mejorar la puntería…

Sin embargo, en el contexto profesional tendemos a rechazar el feedback de plano. Escuchar a alguien hablar sobre cómo hacemos las cosas nos hace sentirnos atacados, interpretamos sus palabras como una crítica destructiva y nos ponemos a la defensiva. Y empezamos a citar una lista de motivos, excusas, razones por las que lo hacemos así o asá. En ocasiones, es porque interpretamos que lo que hacemos es lo que somos, y nos tomamos cualquier comentario como una afrenta al “ser” en lugar de al “hacer”.

Y no hay nada más lejos de la realidad. El feedback es el mejor regalo que nos pueden hacer para crecer. Sin feedback estamos ciegos y, por tanto, limitados en la acción. Todos tenemos puntos de ceguera, sin excepción. Con feedback llegamos a ver lo invisible.

En el terreno empresarial, en un estilo de liderazgo consciente –como el que promovemos en la EEC–  el líder consciente da feedback sobre el “hacer”, sobre lo que otra persona realiza, dejando indemne el ser. Es decir, distingue entre el ser y el hacer y habla de “haces esto de forma lenta”, por ejemplo, y no de: “eres lento”. Este líder domina el arte de “lo que a mí me pasa con lo que tú haces”. Por otro lado, el líder consciente no solo da feedback, sino que también lo pide, pues quiere conocer el impacto que genera en cada momento en su equipo.

El feedback es, en cualquier caso, una opinión, lo de quien lo de. Y hay que recibirlo como eso, como la opinión de otro. A partir de ahí, uno decide qué hacer con el feedback, analizarlo o ignorarlo. A la hora de darlo, recuerda también que el feedback no es una verdad absoluta y que debes ofrecerlo como tu opinión personal.

Así que si te dan feedback, volvemos al principio, solo di gracias. 

Y para terminar, mira este vídeo, una parodia sobre lo que nos cuesta recibir feedback, incluso si es positivo.