Nos pasamos la vida tratando de sentirnos seguros, de controlar lo que va a pasar, sin darnos cuenta de que cuanto más lo logramos más nos alejamos de la sorpresa, de la imaginación y de la creatividad. Con tanto afán de control, ¿cómo vamos a crear?, ¿cómo vamos a innovar?, ¿cómo vamos a imaginar un mundo mejor?

Si queremos aprender, y hacerlo con pasión, tenemos necesariamente que abrirnos a la sorpresa, tenemos que abrazar lo inesperado que ocurre en el camino de la vida y tenemos que aprovechar cada oportunidad que nos ofrece.

Durante gran parte de ese camino utilizamos lo que sabemos, nuestras certezas, para llegar al destino. Pero si esas certezas ocupan todo el espacio, puede suceder que no apreciemos lo inesperado y fortuito que se nos cruza y nos está mostrando que, por ejemplo, tenemos que tomar algún atajo o cruce para llegar a ser la mejor versión de nosotros mismos.

Las certezas nos sirven para actuar con solidez pero si vivimos buscándolas desesperadamente, nos transformarán en personas rígidas. Sentir que tenemos el control es un arma de doble filo: por un lado, el control nos da confianza y eso suele ser positivo y, por el otro, el control en modo exagerado (el control de las situaciones que vivimos, de lo que deberíamos o no sentir, de lo que es bueno o malo pensar, incluso, intentar el control de las posibles acciones de las personas que nos rodean) nos hace infelices.

El control en su forma más extrema nos termina controlando a nosotros mismos y nos obliga a estar pendientes de todo, absolutamente todo, todo el tiempo. Cuando estamos en control, terminamos siendo marionetas movidas por hilos invisibles que actúan sin ton ni son al ritmo de nuestras expectativas acerca de cómo deberían ser las cosas y no nos detenemos a pensar que las cosas simplemente son como son y que el azar, el gran actor en el juego de la vida, también es una parte activa e importante del mismo juego infinito en donde no hay vencedores ni vencidos.

La creatividad se esconde tras la incertidumbre

Si nos cerramos a la oportunidad que nos brinda el azar y la sorpresa nos negamos la oportunidad de crecer y de darnos cuenta de que para eso nuevo que aparece fuera de nuestro control, resulta que también teníamos recursos. Tener recursos sin saber que los tenemos es como tener un Ferrari aparcado en el garaje.

El espacio que le demos a la incertidumbre en nuestra vida será, por tanto, el motor para encontrar los recursos para que la creatividad aparezca, pues cuando no hay nada seguro, nos vemos obligados a “crear” y a inventar.

¿De qué manera podemos, entonces, amar los espacios de incertidumbre que nos permiten ser más creativos?

El vínculo entre la incertidumbre y la creatividad es, para mí, el amor a la sorpresa. Esa es la fórmula para no quedarse obsoleto. No se trata de vivir todo el tiempo en el asombro, pero sí de saber que la sorpresa como emoción genuina aparece y nos conecta con algo impredecible para nosotros.

La genialidad de Fleming, que descubrió la penicilina a través de la muerte de bacterias patógenas producidas por un hongo, es la de haber aceptado la invitación inesperada y la de haber escuchado al azar. Fleming decidió no tirar a la basura un experimento aparentemente erróneo para, en su lugar, averiguar qué había pasado. Ahí está el patrón: sorpresa, pasión, aprendizaje.

Cuestión de actitud y de práctica

La novedad, la sorpresa para muchos, es que el amor por la incertidumbre es una actitud que a medida que crecemos (en edad y en sabiduría) se vuelve más importante. ¿Acaso somos igual de rígidos como adolescentes que como adultos?

En mi trabajo como coach profesional, fomento la idea de que no todo se puede controlar y de que eso está bien así, de que es bueno para nosotros que así sea. Procuro que las personas conecten con el azar y con la ambigüedad, desde la aceptación y la serenidad, y de que piensen: mi corazón bombea, yo no lo controlo y me siento en paz con eso.

Un instante después de que aparezca, la sorpresa nos invita a otra emoción que, en el mejor de los casos, como a los niños, nos lleva a aprender, a aprender a aprender y, por tanto, nos mantiene activos y en forma.

Estar abierto a la sorpresa es una actitud

La apertura a la sorpresa y al futuro no predecible y no predeterminado es una actitud que se puede cultivar a través de acciones concretas como es provocando momentos aleatorios, fomentando la diversidad, saliendo fuera, perteneciendo a diferentes círculos y exponiéndonos a diferentes experiencias.

También está en nuestra mano dejar espacios vacíos para hacernos permeables a la sorpresa, al asombro, a la pasión y al aprendizaje. Un momento inesperado puede ser para nosotros la oportunidad que estábamos necesitando: puede ser el instante en que todos los recursos que llevamos dentro entren en conexión entre sí y, como por arte de magia, se genere algo nuevo, algo diferente, algo que, sin ese actor inesperado llamado azar no nos hubiera llevado a aprender que “con esto que ocurre también puedo”.

Entra también en juego aquí la idea de probar y equivocarse mucho, de que la frustración no existe, de que o ganas o aprendes, y de que errar es, en sí mismo, una bendición. Lo contrario, pensar en que el destino es único y que solo se puede ser una cosa en la vida, creer que el error es fracaso y que lo que lo que no controlamos nos hace sufrir es encender la llama para que la infelicidad se instale en nuestra vida.

En definitiva, las certezas son necesarias para actuar, pero si no las cuestionamos, nos dificultan el aprendizaje. Las certezas son   herramientas que empleamos para ejecutar acciones que deberíamos soltar al terminar para poder incorporar algo nuevo y diferente: otro aprendizaje.

Como despedida y como no podía ser de otra manera: ¡una sorpresa!

5 maneras de abrirte a la sorpresa:

  1. En la mesa familiar, siéntate en un lugar diferente.
  2. Haz el camino de vuelta a casa recorriendo otras calles, por otra carretera o con otro medio de transporte.
  3. Camina sin ningún objetivo por una calle diferente
  4. Dedica 15 minutos al día a leer algo que nada tenga que ver con tu profesión
  5. Realiza tareas que provoquen dejar la mente en blanco u ocupada con algo alternativo que nunca se hubieras imaginado que tú., sí tú,  pudieras probar.

Soltar el control es reconocer que tenemos algo nuevo que aprender, permitirse la humildad y tener la mente abierta para enamorarse de la música del azar.

¿Cómo vas a dejar tú que la vida te sorprenda?

Socia fundadora y Directora Académica de Escuela Europea de Coaching, coach MCC por ICF