Por Marian Jaén, alumna del Programa de Certificación en Coaching en Madrid. 

El aprendizaje, hoy, ha dejado de ser una opción para aquellos que deseen sobrevivir y tener éxito. Estar abierto al cambio y a desaprender cosas para aprender otras nuevas es una necesidad en cualquier ámbito de nuestra vida, no sólo en el laboral. El coaching va precisamente de esto: de cambiar el tipo de observador que estamos siendo y de aprender.

Pero aprender puede ser incómodo, nos obliga a salir de nuestra zona de confort para adentrarnos en lo desconocido y pone en riesgo nuestra autoestima y creencias personales. Además, para muchas personas los individuos somos algo estático e inmutable y el cambio no es una opción.

No lo es para quienes tratan los juicios como si fueran afirmaciones. Tampoco para aquellas que no saben diferenciar entre juicios fundados y juicios infundados. En lo que respecta a la resistencia al cambio y a la pérdida de oportunidades de aprendizaje, estas dos formas formas de ser, (propuestas por Echeverría en Ontología del Lenguaje), están muy relacionadas entre sí.

“Las cosas son como yo pienso que son”

Para quien piense que las cosas son cómo él las ve, la única opción disponible es que su interpretación es “la buena” y es, además, la verdad absoluta. Será frecuente que estas personas digan cosas como “a mí me vas a enseñar tú” o “nadie tiene que decirme cómo hacer”, que no acepten discusión al respecto y que tachen de equivocado al que opina diferente.

Se trata de personas cuya disposición a aprender cosas nuevas es nula. Acompañar a estos perfiles para que se den cuenta de que sí son posibles otras interpretaciones, de que otros observadores pueden ver las cosas de manera diferente y de que sus observaciones serían tan legítimas como las suyas, es una forma de acercarles al cambio.

“Yo soy como soy y ya está”

En este caso, la consecuencia lógica es que esta persona no va a cambiar nunca. Mi madre, por ejemplo, suele decir que para que ella pudiera ser de otra manera, tendría que volver a nacer. Ella no ve ninguna posibilidad de modificar su forma de pensar o actuar, ni se lo plantea siquiera.

Trabajar la distinción SER (no hay posibilidad de cambio) – ESTOY SIENDO (sí hay posibilidad de cambio) puede ser de gran ayuda para que la persona se haga consciente de que “haciendo” puede alcanzar a estar “siendo” lo que desee.

“Mi profesor me tiene manía”

No saber fundamentar nuestros juicios adecuadamente nos lleva al victimismo, a pensar que siempre son los demás o la conjunción de los planetas los culpables de lo que nos ocurre, y por tanto, no hay nada que puedan hacer. ¿Para qué molestarse en actuar, en intentar cambiar? El inmovilismo, la resistencia al cambio convierte su limitado mundo en una cárcel, niega la oportunidad de hacer cosas diferentes, conocer otras personas, crecer, mejorar o, incluso, darse el gusto de equivocarse. Aprender a fundamentar los juicios, por ejemplo, permitiría a un estudiante darse cuenta de que el profesor no “le tiene manía” sino de que, a lo mejor, hay otra explicación, como que no estudia lo suficiente para obtener buenas notas…

Salir, o no, de la zona de confort 

Selinger, en el año 2000, propuso un nuevo modelo de aprendizaje que distinguía tres zonas: la zona de confort, la zona de aprendizaje y la zona de pánico. En la zona de confort nos sentimos cómodos, conocemos en profundidad y no tenemos miedo a equivocarnos. En la zona de aprendizaje, algo nos interesa pero al ser desconocido nos adentramos con cierto reparo hasta que nos vamos haciendo habilidosos. En la zona de pánico, generalmente, no entramos por voluntad propia.

La zona de confort se construye, habitualmente, sobre aquello que nos hace sentir seguros, pero puede ocurrir que esto cambie y deje de ser segura. En determinados casos, y a pesar de esto, podemos cometer el terrible error de no movernos de ahí. Como la rana del experimento, que nada ajena al peligro de estar en una cacerola y morirá hervida, sin darse cuenta, si de forma lenta y gradual vamos subiendo la temperatura.

Muchas personas y empresas actúan así, de una manera que en algún momento resultó eficaz, sin darse cuenta de que ha dejado de serlo. Lo hacen porque es la única forma de funcionar que han conocido y se sienten cómodos así, a pesar de que ya no resulta operativo. Se resisten a salir de su zona de confort. Solo cuando se sienten realmente incómodos o infelices buscan alternativas.

Cambio, aprendizaje y transformación

En definitiva, dejemos de poner impedimentos y de mirarnos como algo estático e inmutable. Aceptemos el cambio como opción, intentemos vivir la vida con pasión, con un deseo continuo de aprender, con optimismo, intentando desarrollar todo el potencial que llevamos dentro y recordando que tenemos la capacidad de regenerarnos y de adaptarnos al mundo que nos toca vivir.

Me gustaría finalizar esta reflexión recordando el proverbio hindú que dice: “Nada ha cambiado. Sólo yo he cambiado. Por lo tanto, todo ha cambiado”. Me parece que refleja  claramente lo que implica el aprendizaje transformacional.

Ya puedes leer los post de nuestros alumnos de programas de formación en coaching.