Por Yvonne Moré, coordinadora de la EEC en Tenerife

He llegado a la conclusión de que liberarse de la culpa no depende para nada de que el otro me perdone, ni siquiera de que uno sea capaz de reparar el daño, sino de que uno mismo sea capaz de perdonarse, que uno encuentre la capacidad de amor a sí mismo tan grande como para poder decirse “Cometí un grandísimo error. Si soy capaz de perdonar el de otros, ¿qué me impide perdonarme a mí mismo?”.

Creo que uno tiende a no querer perdonarse para que precisamente ese sufrimiento sea el castigo que te infringes para “pagar tu culpa y llegar al equilibrio que podría generar una erróneo sentido de la justicia”. Suena rebuscado, pero para mí la culpa trabaja así: es una “masoca” que se libera castigándose mas…

La culpa nos sirve para avisarnos de aquellos pensamientos/acciones en las que hemos traicionado a nuestros propios principios, nos avisa de que queremos compensar para resarcir nuestra responsabilidad, es nuestra moral. Por lo tanto, su punto de partida es positivo y desde que aprendamos a redirigirlo, será constructivo y un gran aprendizaje…

Si su pensamiento nos hace sufrir, estaremos atentando contra nosotros mismos por querer hacer lo correcto y ¿es eso lógico/justo/equilibrado?

Además, y siguiendo con el mismo hilo, “re-mordimiento” me lleva a “mordimiento” = “morderse a uno mismo”. Para salir de él necesitaríamos “dejar de mordernos a nosotros mismos”, pasar a besarnos, a querernos, a auto-perdonarnos y aceptarnos.

 

 

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