Somos seres lingüísticos. Y como tales, cada uno de nosotros cuenta con un arma capaz de crear realidades: el lenguaje. Cuando hablamos, no sólo narramos lo que pasa sino que hablando también tenemos la capacidad de que pasen cosas que no ocurrirían si no dijéramos nada.

Y como seres lingüísticos que somos, encontramos nuestro límite también en el propio lenguaje. “El lenguaje es nuestra casa”, como dijo Heidegger. Una reflexión filosófica que abordamos en coaching y sobre la que trabajamos en la EEC. Desde esta mirada afirmamos que el lenguaje es acción y capaz de crear y transformar la realidad. 

El lenguaje como límite también se trabaja con coaching. “Si el directivo en vez de atrincherarse, se atreve a decir que necesita ayuda reconociendo sus limitaciones, los demás apreciarán que las afronta con honestidad y humildad y se mostrarán más cercanos”, explica por su parte Eva López-Acevedo. “Está comprobado que los directivos que reconocen no disponer de respuestas para todo encuentran más apoyo y compromiso por parte de sus colaboradores”, continúa la coach y socia fundadora de la EEC.

La capacidad de comunicarnos es inherente y genérica, pero la habilidad de emplear esta cualidad de forma estratégica y de convertirla en una competencia clave para el directivo de empresa es uno de los acompañamientos que realizamos a través del coaching ejecutivo. “La herramienta clave de un líder es su manera de conversar”, mantiene Silvia Guarnieri, master coach y socia fundadora de la EEC.

entrenar las conversaciones

La competencia conversacional se entrena con coaching se compone de la escucha efectiva, la veracidad en las afirmaciones, emitir opiniones y juicios sólidos y consistentes (saber fundar juicios), saber construir y cumplir promesas (peticiones-ofertas-compromisos) y, finalmente, ser conscientes de que las tomas de decisiones constituyen un acto del lenguaje (declaraciones) que generan realidad, si se dispone de autoridad para ello.

Cuando en la EEC hablamos del poder de las conversaciones, partimos de la premisa de que las empresas son redes de conversaciones orientadas a coordinar acciones y obtener resultados. De nuevo, el lenguaje no sólo permite hablar sobre las cosas, hace que éstas sucedan.

Una novedad importante sobre la palabra como herramienta de trabajo es su valor generativo, más allá de su utilidad descriptiva de realidades, hechos u opiniones. La palabra transforma la realidad y es acción, por ejemplo, cuando se contrata o se despide, cuando se acepta o se rechaza un pedido, se abren o se cierran posibilidades que antes no había. En este escenario, lo que caracteriza el trabajo de un mando o de un directivo es, más que su conocimiento técnico (sin duda necesario) es el poder transformador de su palabra. Las competencias conversacionales tienen una nueva dimensión: desde los gerentes, cuya función es mantener conversaciones para la coordinación de acciones y manejar lo contingente, hasta los directivos, cuya característica fundamental es conversar para diseñar posibilidades.

El coaching permite reflexionar sobre el poder del lenguaje a través del análisis de las conversaciones. Cuando nuestras acciones son efectivas y alcanzamos el objetivo previsto es señal de haber actuado con competencia en las conversaciones mantenidas. Por el contrario, cuando estamos insatisfechos con algún resultado, cuando juzgamos que algo no ha salido bien o no ha resultado como se esperaba, una mirada a las conversaciones que mantuvimos nos permite aprender del error y así actuar con más eficacia en el futuro.

En Escuela Europea de Coaching acompañamos a personas y organizaciones a mejorar sus resultados, a través del coaching.