Por Carmen Mellina, Directora de EEC Zona Norte

“Ama y haz lo que quieras”, San Agustín de Hipona

Tal vez Gonzalo Bolland tenga razón y sea el amor la última utopía que nos quede en este mundo un tanto desbaratado del Siglo XXI. Él me hizo recordar mi Bachillerato al traer a la conversación la cita que encabeza esta entrada. Posteriormente, he tropezado con ella en más ocasiones, como si la sincronicidad quisiera que reflexionara sobre el amor.

Hace unas semanas en la presentación de su libro El Cociente Agallas en Bilbao, Mario Alonso Puig para contestar una pregunta del público, recurría al amor como clave para comprender. En ese momento recuerdo que volví a mi adolescencia (mentalmente claro) y a las clases de filosofía de mi Bachillerato. ¿De nuevo la sincronicidad? Y recordé a Platón y recordé también un libro de André Comte-Sponville, Pequeño tratado de las grandes virtudes.

En este libro André Conte-Sponville glosa y reflexiona sobre las virtudes que nos ayudan a entendernos como especie, desde el campo de la filosofía y como objeto de la filosofía, una contribución a saber cómo lograr amar la vida. Comienza reflexionando sobre la urbanidad, que no es una virtud a su entender pero sí es necesaria para la aparición de las virtudes, y después de pasar por las que él califica como tales llega al capítulo dedicado al amor, que no es una virtud, pues el amor está más allá de las virtudes.

Entiendo que el amor es el destino final, completo este capítulo con otra lectura, Las más bellas reflexiones sobre la vida, también de Comte-Sponville, y concluyo que el amor es el objetivo, que el amor es el “para qué” de nuestra existencia, es hacia donde debemos tender y tal vez, ¿por qué no decirlo? la herramienta principal del coach. 

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El amor nos permite situarnos en la aceptación total del otro como legítimo otro, desde esa aceptación plena que me permite sentir mis juicios y manejarlos al servicio del otro, que me permite  el acompañamiento en el camino que decida el cliente de coaching, que me permite practicar Egoless (la gran distinción utópica del coach).

¿Cómo suena decirle al coachee “te amo”? No parece muy adecuado ni que se vaya a entender. ¿De qué tipo de amor estamos hablando? Y aquí debemos recurrir a los griegos y como ellos diferenciar, o deberíamos decir distinguir, Eros de Phillia. Esta distinción es accesible, fácilmente entendible e identificable en nuestras vidas.

Eros es el término dedicado al amor carnal, el amor dominado por la atracción física y Phillia es el amor que surge de las afinidades, de las filiaciones y es el término para expresar lo que sentimos por nuestros amigos. No sentimos Phillia por nuestros semejantes, ya que entre ellos hay quien no nos produce simpatía por no ser afines en gustos, ideas o aficiones. Al contrario, algunos de nuestros semejantes nos resultan profundamente antipáticos por no encontrar nada afín con ellos.

El tercer tipo de amor es el más interesante para el coaching, es el denominado Ágape, que hace referencia al amor universal. Está claro que por un dios no podemos sentir  un amor Eros o un amor Phillia. No sentimos atracción sexual por los dioses, ni somos sus amigos, sus iguales. Así que los traductores de la Biblia al griego tuvieron que encontrar otro término que resultó ser Ágape, para designar un amor universal, un amor hacia el prójimo, hacia los individuos de nuestra especie más allá de atracciones sexuales o afinidades compartidas.

Ágape es el amor empático, que conoce y comprende la naturaleza del otro, el amor que no se basa en la falta, en la carencia, es un amor que no espera recibir. ¿Amamos o no amamos a nuestros clientes de coaching?

Y ahora sí, vuelvo a San Agustín y a que toda acción que tiene su raíz en el amor será adecuada al fin. 

En Escuela Europea de Coaching acompañamos a personas y organizaciones a mejorar sus resultados, a través del coaching.