Desde hace años, practicaba yoga para estirar, para retarme sosteniendo posturas de equilibrio y de torsión, para sentirme fuerte y para divertirme. Practicaba yoga para disfrutar de esos momentos en los que, por fin, dejas de comprimir alguna parte del cuerpo y toda la sangre que había estado retenida (o esa sensación tengo yo) empieza a fluir y a navegar de nuevo por todo el cuerpo generando (en mí) una sensación de satisfacción y de bienestar corporal muy agradable.

Practicaba yoga para poder soltar el cuerpo

Cuando practicaba pensaba que para hacerlo bien siempre tenía que superarme y que si un día había sostenido una postura tanto tiempo o doblado la espalda hasta tal grado, al día siguiente tenía que ir más allá. Me sentía muy bien si avanzaba y no tanto si no lo lograba. Es decir, y ahora lo sé, me juzgaba.

Dos cursos de meditación y minfulness después, he incorporado a mi práctica una nueva intención, la de entrenarme en “sentirme” para practicar la autocompasión y el autocuidado. Para ello, he dejado de lado la voz del profesor de cuando hacía spinning que he descubierto tenía integrada en mi cerebro mientras hacía yoga y que me decía, “¡Vamos! ¡Un poco más! ¡Más rápido, más lejos, más fuerte!.

Ahora, sigo disfrutando de todas las sensaciones agradables que me da el yoga, pero ha cambiado mi objetivo y mi forma de entrenar. Lo primero que hago es conectar con mi cuerpo a través de la respiración que me permite escuchar las sensaciones que estoy teniendo. Ahora, cuando entro en la postura no me voy al 95% para llegar al 105%, me quedo en un cómodo 75% para, desde ahí, descubrir y escuchar la sensación y decidir si hoy voy a ir más lejos o dónde me voy a quedar. Ahora, el mensaje que me digo es una invitación y una pregunta (“¿Seguimos? ¿Un poco más? ”)  y en función de mi respuesta, voy avanzando… o no.

Cuerpo y la mente sueltas antes de empezar

He descubierto que eso es mindfulness en el cuerpo, pues no me juzgo, no valoro si el grado de torsión o de sostenimiento es mejor o peor, solo estoy presente con lo que mi cuerpo necesita en cada momento, como quedarse en algún punto determinado o ir al 110%, y me recuerdo que nadie sabe más sobre mi cuerpo que mi cuerpo – desde luego mucho más que aquel profesor de spinning.

Executive coach y Responsable de comunicación y marketing en Escuela Europea de Coaching