Delegar no es perder el tiempo ni tampoco es perder el control. Delegar es compartir responsabilidades, es que cada uno haga lo que le corresponde hacer: para cumplir los objetivos propios y del equipo, para desarrollarse, para permitir que se desarrollen los demás, para avanzar y para conseguir mucho más de lo imaginado.

Responsabilidad 100%

Delegar supone ceder una parcela de lo que había venido siendo mi responsabilidad para que pase a ser la responsabilidad de otra persona. No soltar unas tareas que ya no tiene sentido que uno haga (como suele pasar cuando el negocio/departamento crece) sería ocuparme de más de lo que me corresponde (asumir más de un 100%), cargarme de estrés, de nervios, de preocupaciones y, además, avasallar y negar al otro.

Ahora bien, delegar tampoco es repartir lo que no me gustar hacer y hacer solo lo que sí me gusta, pues aquí andaríamos en un porcentaje de responsabilidad por debajo del 100.

Identificarme con la tarea

Mi trabajo, mi proyecto, mi empresa, mi puesto de trabajo, mi cargo… En ocasiones nos identificamos tanto con el cargo/con la tarea que llegamos a igualar, por ejemplo, nuestra persona a eso que realizamos. “Soy María, soy comercial”; “Soy Juan, soy profesor”. Pensar que somos lo que hacemos puede ser, a veces, excesivo. ¿Quiere esto decir que cuando María no sea comercial, Juan no sea profesor, son menos persona? En ocasiones, el lenguaje ayuda a distanciarse de lo que hacemos con fórmulas del tipo “trabajo como comercial o como profesor”.

Ganar tiempo en lugar de perderlo

“Tardo menos en hacerlo yo que en explicarle a mi compañero la tarea” es una de las frases más típicas que escuchamos en cualquier entorno laboral… pero cargarnos de tareas nos puede llevar al resentimiento hacia la empresa a través de síndromes como el burnout, por ejemplo.

La confianza es clave

Para delegar hay que confiar en que cada uno es capaz de cumplir lo que le haya sido asignado o le queramos asignar, y para confiar podemos preguntarnos por las capacidades técnicas que tiene o necesita la persona, por esforzarnos en ubicar el talento de cada uno donde más brille. Sin embargo, confiar al delegar tampoco es abdicar: cuando uno delega, suelta el control de la tarea pero mantiene el seguimiento de la tarea delegada.

Conflictos emocionales

Delegar es aceptar el cambio y dejar éste que suceda, pero no siempre es tan limpio el proceso. Despedirnos de esa tarea que nos correspondía nos puede generar tristeza -ante lo que perdemos; rabia -por cómo ha sido el cambio, por ejemplo-; o miedo -por lo que yo interprete pueda estar en juego. Sentir lo que sea que sintamos es legítimo; lo saludable o recomendable es darle espacio a dicha emoción para indagar por qué me está doliendo y qué puedo o tengo que hacer para gestinonar la emoción en cuestión.

Algunas preguntas

Contéstate estas cuestiones para lograr que el proceso vaya lo mejor posible, son:

  • ¿Qué significa delegar para mi?
  • ¿Para qué quiero delegar?
  • En concreto, ¿qué quiero delegar?
  • ¿En quién/quienes voy a delegar?
  • ¿Qué necesitan estas personas?, ¿yo?
  • ¿Tienes pendiente delegar algo que aún no has hecho?
  • Además de en la empresa, ¿en qué otro entorno podrías delegar?

Y para terminar, ¿y si pensáramos que al delegar en alguien o delegan en nosotros estamos dando o recibiendo un regalo?

En Escuela Europea de Coaching acompañamos a personas y organizaciones a mejorar sus resultados, a través del coaching.