Por Yvonne Moré, coordinadora de la EEC en Tenerife

Soy psicóloga y recuerdo la importancia de la “transferencia” en los procesos de atención al “paciente” (que seguro viene de paciencia….), también soy persona y coach. ¿Por qué esta confesión nada más comenzar? Por que, en distintos contextos ha surgido el tema de somos coaches y no amigos. Cuando pasas a ser amigo dejas de ser coach.

El impulso de la posible amistad no surge en todos los procesos de coaching , pero ¿qué hacer cuando lo sientes?, ¿es egoísta el coach que abre la puerta a la amistad y pierde al coachee? He llegado a esta conclusión que planteo con toda humildad. Creo que se dan varias etapas en este proceso:

1ª etapa: Conexión

Hay ocasiones en que la transferencia, la empatía, las feromonas o la comunión con la historia del coachee te lleva a una simpatía y acercamiento, a la sonrisa interna, a la completa comprensión de las necesidades, actitudes, respuestas y emociones de la persona que tienes delante. Es como si desearas poder salir a compartir un trozo de tu vida con el otro. Puedes incluso llegar a desear expresarle tu comprensión en vez de tu profesional guía…

2ª etapa: La profesionalidad y el coachee como objetivo

¿Para qué negar mi implicación en el proyecto? Creo que es bueno que el coach sienta, creo que es bueno que el coach se implique, creo que es bueno que el coach se comprometa: ¿cómo? Esa es la cuestión.

Sabemos que nuestro compromiso es con el objetivo del coachee, sabemos que si el coachee pierde confianza, pierde posibilidades de ayuda y, por lo tanto, de conseguir su meta; pero ¿qué es lo que le da fuerza y motivación al coachee para alcanzar la meta? ¿Somos nosotros, los coaches, o es el impulso interno del propio coachee lo que debe lanzarlo en el trampolín?

3ª etapa: Decisión/elección

Aquí te encuentras con el dilema del coach: ¿Ser o no ser amigos? Quizás la clave esté en la diferencia entre deseo y necesito ser su amigo.  La necesidad implica que algo no está cubierto en el interior del coach, implica una carencia como todas las necesidades insatisfechas. El deseo implica una elección, una preferencia, una posibilidad de obtener… ¿felicidad?

4ª etapa: Amistad y coaching

Esta relación tiene como base el respeto mutuo, ¡también la amistad!. La amistad baila entre el deseo de compartir, la entrega, el goce del regalo, la complicidad de la confianza, el “estar contigo”, la posición paralela en el vaivén de la vida del amigo.

La relación de coaching no tiene por qué ser ajena a estas características, pues la amistad no significa dependencia, es una elección individual que ha coincidido con la del otro.

Entonces ¿dónde está el riesgo? Se teme que el coachee, por ejemplo, deje de cumplir sus tareas porque ha dejado de respetar al coach. ¿En qué se basa esa relación: respeto-admiración? En ese caso, el coachee no estaría actuando utilizando sus propias herramientas, sino las que se basan en el modelo del coach. El compromiso no sería con él mismo, sino con el coach.

¿De dónde saca el aprendizaje el coachee? ¿Es sólo el rol que desempeña el coach lo que produce seguridad y confianza en el coachee?

En Escuela Europea de Coaching acompañamos a personas y organizaciones a mejorar sus resultados, a través del coaching.