Por Eva López-Acevedo, socia fundadora y directora académica de la EEC.

Aunque me encanta navegar, ni soy una experta ni había participado nunca en una regata. Sin embargo, el último fin de semana de mayo formé parte de la tripulación del Atrevit durante la VII regata Banco de España de Denia a Moraira, en la que participó una flota de 50 embarcaciones.

La idea de escribir este post me vino por dos motivos nada más instalarme en el velero. Uno, por las maneras de líder de la anfitriona y patrón del barco de la regata, Cristina Adán, y dos, porque sin conocernos de nada, los tripulantes estábamos destinados a ser un equipo de alto rendimiento.


Al día siguiente, Cristina compartió su estrategia para afrontar la regata: alejarnos de la costa aunque recorriésemos más millas para ganar en velocidad, evitar posibles desvientes durante el último tramo y apuntar al primer puesto.

Iniciada la regata, Cristina fue indicándonos uno a uno y de forma muy didáctica cada una de las maniobras a realizar y cómo debíamos coordinar las acciones entre nosotros para que todo saliese bien. Se le veía confiada, tranquila y al mismo tiempo emocionada con la carrera, estaba atenta al viento, a la estrategia del resto de veleros y también pendiente de si nosotros estábamos disfrutando. Transmitía serenidad en todas sus consignas, pedía nuestra colaboración con humildad y con una sonrisa, generando un ambiente increíble en nosotros y un maravilloso sentido de pertenencia al equipo.

Cristina nos invitó a rotar de puestos, para que todos disfrutáramos de la navegación y tuviésemos ocasión de llevar la caña o de aprender a hacer maniobras desde otro lugar… ¡Todo un aprendizaje!

Para hacer corta la historia, el Atrevit dejó pronto la flota de barcos muy atrás y sólo tres o cuatro iban por delante pegados a la costa. Al final, quedamos en segundo en la categoría OPEN, por detrás del Patapalo.

Al día siguiente, tras la euforia del logro, le confesé a Cristina que me tenía asombrada por su estilo de liderazgo y por la habilidad natural con la que nos había conducido a todos en su velero. Le pedí permiso para escribir este post y le rogué que ella también escribiese sobre la experiencia, desde su punto de observación.

Y aunque intuyo que pensó que no era para tanto, al día siguiente me hizo llegar sus reflexiones al respecto. Creo que todos aprenderemos mucho de sus criterios a la hora de gestionar personas en un equipo. Estas son las reflexiones de Cristina:

1.- Analizo a cada uno desde el minuto cero, según se sube al barco y me hago una composición de lugar de sus habilidades a bordo, tanto a nivel personal como a nivel de maniobra.

2.- Reparto tareas en función de los puntos fuertes que percibo en cada uno ya que los momentos de tensión, como son las regatas o un temporal, no admiten errores ni son ocasiones idóneas para enseñar y aprender.

3.- Explico lo que tiene que hacer cada uno y doy la confianza y los ingredientes necesarios para que no falle: cuando crees en los demás y eres claro al dar las consignas que el otro necesita, la tripulación lo da todo para hacerlo bien.

4.- Transmito la importancia de la coordinación de acciones entre todos y confío al 100% en todos y cada uno. Según el grado de experiencia de los miembros de la tripulación, sigo muy atenta aquellos puntos que pueden entrañar riesgo para las personas o para la maniobra.

5.- Nunca obligo a nadie a hacer algo si él mismo no confía en sí mismo.

6.- Sólo cuando es necesario doy órdenes y uso el imperativo. El resto del tiempo pregunto o utilizo el condicional… Nadie ha nacido sabiéndolo todo y yo también estoy abierta a formas de hacer diferentes.

7.- Me encanta compartir y disfrutar lo que me gusta con todos, es decir, conseguir que todos naveguemos con pasión.

8.- Y si encima lo aderezamos con buenos ingredientes y unas risas, ¡¡mejor que mejor!!

¿Qué os dije? TODO UN EJEMPLO DE LIDERAZGO AL SERVICIO DEL EQUIPO. ¡Gracias Cris!

En Escuela Europea de Coaching acompañamos a personas y organizaciones a mejorar sus resultados, a través del coaching.