Por David Mateo, alumno de BCO y coordinador del GICS.

El autor describe el cambio de observador y el proceso de transformación que se genera en él, con el coaching y con la sabiduría que su coach le traslada.

Quiero compartir un aprendizaje, quiero contar el cambio de observador con el que he logrado cambiar mis creencias nucleares, esas que permanecen casi toda la vida, esas que limitan y que tienen la peculiaridad de hacer desplegar mil herramientas de protección, esas que nunca abandonamos y por las que montamos un sistema de vida y un funcionamiento concreto para poder “sobrevivir” sin abandonarlas.

Durante mucho tiempo me etiqueté yo solito como el Superman de mi familia. Creía que yo era el que tenía que hacer y hacer, que era el fuerte y el que podía con todo. ¡Cómo me agarré a esa creencia! Nací un Superman y no podía permitirme expresar emociones negativas. Fui todo un experto en no hacer caso a las emociones negativas y mi energía se gastaba en las emociones positivas. Aprendí a vivir así y lo derivé a otros ámbitos de mi vida.

Con el tiempo y con el coach de la EEC Francisco Junquera, descubrí que “tenía que morir para volver a reinventarme”. Pero ¿cómo iba a morir yo, después de 40 años funcionando de una misma manera? Había aprendido a sobrevivir tan bien que no me lo iba a permitir fácilmente.

Y, sin embargo, descubrí algo de forma vivencial que me llevó a crear el siguiente código: Yo soy el que elije apartarme de la magia. La magia siempre está y yo me alejo cuando no soy capaz de activarme en modo aprendizaje, cuando no me pregunto ¿para qué me está pasando lo que me está pasando? y cuando me quedo enganchado con lo que me está sucediendo.

Para poder contaros mi vivencia, mi descubrimiento, debo compartir dos distinciones que utilizo. Una es la Magia: lo que se da cuando uno siente que está bebiendo de la fuente del conocimiento, de la sabiduría, de aquello que ocurre y no tiene una explicación muy racional; cuando simplemente ocurre lo que deseas en la forma que necesitas. La segunda es Terrenal: es aquello que nos ocurre en nuestro día a día, nuestra vida, nuestro trabajo, nuestras relaciones…

En otras etapas de mi vida había llegado a estar enganchado a esa magia. Pero ya no obtenía nuevos resultados, había acabado haciendo las mismas cosas. Y sin embargo, ya sabía cómo crear una realidad distinta, sabía cómo generar la realidad que deseaba, ya tenía información de Dispenza y tenía los conocimientos que aprendía del coaching.

Leyendo a Dispenza se aprende que para generar una realidad distinta debemos seguir ciertos pasos: Sentir el deseo, desde las células, desde lo más profundo del ser; Vivir ese deseo como si ya hubiera ocurrido, con todo los detalles, recreando una escena real para conseguir vivirla; Y dar gracias a todo, a lo que yo llamo magia, por haberlo concedido.

Comprendía la teoría, la había experimentado, y la llegaba a utilizar como herramienta, pero dentro de mí sentía que hacía falta un giro de tuerca más. Era como la frase de Einstein que me inquietaba: “Experto no es aquel que sabe, sino el que lo llega a poner en práctica”.

Así es cómo descubro mi creencia nuclear, al Superman del que os hablé, y un cambio de observador me sitúa de nuevo en la magia. Durante un tiempo intento a hacer como Nadal, fijar acciones repetidas lo que me llevaron a estar ahí para no olvidar cómo entrar en este estado. Pero no soy capaz de conseguirlo. Una y mil cosas me vuelven a apartar de la magia, del conocimiento. El trabajo, la familia, mi creencia… Todos viajan conmigo, todos de la mano.

Y me convierto en el “observador del observador” y empiezo a averiguar, impulsado por ese cambio, lo que estaba ocurriendo. Y veo que nada más engancharme a la magia cierro proyectos de coaching y tengo nuevas ofertas, y que encuentro proyectos para otros. Vuelvo a ser el Superman que me había propuesto: tengo la creencia de que debo salvar a los demás, que necesito hacerlo para que me quieran y me acepten.

Topo con mi creencia y mi cuerpo me habla. Mi ser grita a modo de enfermedad y mi cuerpo me hace sufrir dos parálisis faciales. La parte izquierda y racional entra en conflicto con la parte derecha y emocional, se me cierra el ojo izquierdo y se me desvía la boca hacia un lado. Había algo que yo no era capaz de solucionar: no era capaz de ser, no era capaz de no situarme en el hacer.

No fui del todo consciente de esto, tenía los feedback que me daban, hasta una conversación con una gran y querida amiga, que me descubrió que estar en la magia es tomar lo que has pedido pero en la forma que necesitas para seguir creciendo.

Como dice mi coach: si buscas un resultado no te apegues a él, tú pide el qué y la vida te regalará el cómo. Y precisamente ese cómo es el que no puedo ni debo manejar. La magia me lo traía en la manera que yo necesitaba para crecer, era lo que necesitaba trabajar en mí para que se produjese esa evolución como ser humano. En el momento en que detecté esto, vi claramente qué era lo que yo seguía haciendo, qué era lo que la vida me estaba regalando para poder engancharme a este crecimiento.

“No te deseo suerte, te deseo ojos para que puedas leer las cosas que te vayan ocurriendo en la vida”, me dijo alguien en una fecha importantísima para mí. Hoy, esta frase tiene más sentido que nunca. Gracias a ella entendí que la vida nos regala la oportunidad de seguir y de crecer, aunque no de la forma que nosotros queremos, sino de la manera que estamos siendo, para poder realizar un camino más puro si cabe, más enganchado a esta magia.

¿Cómo podía yo instalar en mí un mecanismo para elegir la mejor manera de engancharme a la magia y no dejarme arrastrar por lo terrenal? Como respuesta, llegué a una conclusión que llamo Código: La fuente de conocimiento es inagotable. Soy yo quien elige acercarse o alejarse en función del modo de programación que tenga o sea capaz de describir. Si logro programarme en “aprender” de las cosas que me ocurren (y que me están ocurriendo para algo) no me quedaré enganchado a las cosas más terrenales que me sucedan.

Programarme en modo aprendizaje de las situaciones que vayan ocurriendo en el día a día, al conectar con lo más profundo de mí, solo con esto, ya me situaba en el “observador del observador”, el primer paso para engancharme a esta fuente de conocimiento.

Quiero seguir descubriendo y aprendiendo de algo que antes no era capaz de expresar con palabras, algo que dentro de mí me decía que existía. Gracias al coaching, a la magia y al sentido que le doy al conocimiento, ahora mi primer objetivo es: Aunque no quieras morir, muere para poder volver a ser.

 

David Mateo

En Escuela Europea de Coaching acompañamos a personas y organizaciones a mejorar sus resultados, a través del coaching.