Coaching para adolescentes y sus familias es el resultado de mi recorrido personal y profesional desde la psicología, el coaching ejecutivo hasta el coaching educativo y familiar.

Por Rosa Barriuso, coach MCC, formadora y coach en la EEC. 

Estudié psicología y mi especialización y carrera profesional siempre estuvieron ligadas a las organizaciones y los profesionales que trabajan en ellas. Siempre me ha gustado trabajar en el desarrollo de las personas.

Empecé a involucrarme en el entorno de adolescentes y familia cuando llegó la adolescencia a mi propia familia. Soy madre de tres preciosos hijos con infancias felices en un buen ambiente familiar (al menos así lo he vivido yo) y la adolescencia de mi hijo mayor me pillo desprevenida.

Empecé a pensar si el coaching viene aportando desde hace mucho tiempo importantes ventajas  las organizaciones y los profesionales, y soy consciente de ello por mi propia experiencia como coach, porqué no llevar esto a un colectivo en una etapa en la que hay una clara necesidad de cambio de perspectiva.

EEC Adolescentes

En el 2009 empecé a diseñar cómo acercar el coaching a adolescentes y la EEC me dio la oportunidad de desarrollar el programa de Teen Class dirigido a los chicos y con la idea de que sean éstos los que adquieran habilidades del coaching para ser más maduros, autónomos y eficaces socialmente. Después de los primeros años con el programa me di cuenta, de dos aspectos importantes:

  • Necesitaba conocimientos específicos de adolescencia y familia que sólo por ser coach o psicóloga, no tenía y decidí hacer un master de especialización.
  • Y que pretender generar un proceso de crecimiento eficaz en los chicos era muy lento e ineficaz si no se contaba también con la implicación de las familias. Por ello, desarrollé el programa de Escuela de padres y empecé a trabajar como coach de forma sistémica.

Mi compromiso de acompañar también a otros colegas que querían acceder a estos colectivos me ha llevado a desarrollar desde el 2014 el programa de Especialización en adolescentes y familia en la EEC, dirigido a coaches, docentes y toda aquella persona involucrada de alguna manera en el crecimiento personal de los chicos.

En la actualidad, estamos siendo testigos de cambios significativos en diferentes contextos, sociales, culturales, familiares, climáticos, energéticos… La educación parece estar concediendo especial relevancia a que los jóvenes adquieran un alto nivel de conocimientos y éstos, sin lugar a dudas, son necesarios.

Vivimos en una sociedad donde la información es el objetivo educativo prioritario. Pero,  ¿estamos preparando en igual medida su dimensión personal para que, desde su madurez y auto-gestión, puedan sacar de esos conocimientos el mayor partido? ¿El acopio de datos servirá para afrontar estos cambios en que estamos inmersos y los que están por venir?

Parece que la “cantidad” prima en nuestra educación actual, sobre la “calidad” en el pensamiento. Así, surge en nuestros jóvenes una necesidad de desarrollo que no está siendo satisfecha por otras disciplinas y donde el coaching puede aportar una visión complementaria.

¿Qué aporta el coaching?

Si tuviera que resumir los aspectos más peculiares que caracterizan el trabajo desarrollado a través del coaching serían:

  • No pretende aportar conocimientos.
  • Trabaja desde la libre elección del cliente de su propio objetivo.
  • Actúa sobre personas que se pueden hacer cargo de su propia reflexión y de sus acciones.

El coaching trabaja con clientes, no con pacientes o alumnos y es en esto en lo que puede complementar el trabajo con otras disciplinas, sin sustituirlas.

¿Cómo trabaja el coach con un adolescente?

En los años que vengo interviniendo con este colectivo he llegado a la conclusión de que es mucho más eficaz y ágil trabajar de una forma sistémica, que pretender alcanzar el reto del chaval sólo con la participación de éste.

El adolescente, por definición, es una persona que está en una etapa de transición de la niñez a la edad adulta y, por ello, es “dependiente” del contexto familiar. No se puede trabajar su madurez y su autonomía sin implicar a las personas con las que convive y que son, precisamente, con las que establece los acuerdos, que le van a ayudar a lograr su futura independencia.

El objetivo en la adolescencia es lograr que el chico cuente con la madurez precisa para separarse de la familia y mantener una vida autónoma. La primera “mala” noticia para la que tenemos que preparar a los padres es: “Mi hijo no es mío”.

La  sociedad actual no ayuda mucho a esto. Pide a los padres que se hagan cargo de sus hijos sin límites y, en esta tarea, hemos creado un modelo hiperprotector, donde las responsabilidades de cada uno no están delimitadas y esto, es caldo de cultivo para familias insatistechas y adolescentes perdidos. Implicar a los padres en este trabajo hace mucho más eficaz los resultados y acorta el tiempo empleado en conseguirlos.

Estoy convencida de que no hay adolescentes problemáticos, hay modelos de acompañamiento a la adolescencia ineficaces. Cuando empezamos a trabajar con el adolescente y su familia hemos de tener en cuenta una serie de consideraciones básicas:

  • Nada es irreparableTodo se puede reparar en un contexto de normalidad que es en el que nos movemos en coaching. Esta es una creencia poderosa para el coach, aunque no sea un hecho.
  • Nadie es culpable y todos somos corresponsables. Partiendo de la idea de “modelos de acompañamiento ineficaces” lo primero que hay que empezar a trabajar en este tipo de procesos son dos tipos de culpa. La del chico por lo que está provocando en sus padres que sufren con lo que pasa. Y en este mismo saco, la que los padres le achacan al chaval. “Mi hijo es culpable de…” Y la de los padres por sentirse causantes de lo que le pasa a su hijo. Escucho en muchas ocasiones a alguna madre o padre decir:  “Lo más importante en mi vida es criar bien a mis hijos y mira lo que está pasando… lo estoy haciendo fatal”.
  • Cuanto más dolor, más amor. Si en lugar de arrancar el proceso desde la culpa, el problema o el sufrimiento que ocasiona, lo encauzamos hacia reparar los vínculos dañados ya sean con el otro o con uno mismo, esto hace más liviano el camino. Creo que al final todo se resuelve, cuando se repara la relación que no ha sido construida de forma eficaz. Ya sea del chico consigo mismo, o con sus padres, o con sus iguales, o con sus profes… El origen de los problemas no radica en los individuos en sí mismos, sino en la calidad en las relaciones que estos crean con otros y consigo mismos.

Para terminar, diría que mi herramienta es la del coach ontológico: la palabra. El poder de la palabra que crea conversaciones eficaces que sostienen interacciones facilitadoras que crean relaciones y vínculos fortalecedores.

 

Coach y formadora en los Programas de Certificación en coaching ejecutivo y Coaching de Equipos. Como especialista en coaching de adolescentes ha diseñado el programa Especialización en coaching con adolescentes y familia y el grupo de investigación GICAF.