Por Juan Luis Ayuso, coach PCC, director de negocio corporativo y de EEC Alumni.

Después de superar entrevistas, pruebas, aventajar a otros candidatos, nos dan el puesto y llega el momento de incorporarnos. Y lo que en un principio era un cuento de hadas puede llegar a truncarse en muy poco tiempo. No siempre es llegar y besar el santo. Es lo que pasa cuando no gestionamos bien nuestras expectativas.  

Entramos con ideas preconcebidas sobre la cultura de la empresa, sobre quiénes van a ser nuestros jefes, nuestros compañeros. Expectativas que van acompañadas, además, de mucha energía y de todas las ganas del mundo para aplicar nuestro conocimiento acumulado y demostrar que han acertado escogiéndonos. Que nosotros somos el famoso “mirlo blanco” hecho realidad.

A veces ocurre que en la entrevista de selección escuchamos lo que queremos oír, cuando nos dicen que vamos a liderar un nuevo departamento lo que nos están diciendo es que el departamento está empezando a rodar, todavía no lo hace con fluidez y tiene que ganarse el puesto en la empresa. Cuando nos dicen que tenemos que liderar un cambio cultural lo que esperan es que nos peleemos con los “grandes dinosaurios” de la empresa y que cambiemos su forma de pensar. Cuando nos dicen que tenemos un equipo de cinco personas, lo que no nos dicen es que no tienes ningún equipo, que el nuevo eres tú y que la tarjeta de visita y el despacho (en su caso) te dan el poder, pero no la autoridad, que te tendrás que ganar.

Por otro lado, la empresa que te “compra” te deja ver su cara más amable, la que aparece en su web, su mejor sonrisa e, intencionadamente o no, pone encima de la mesa el anzuelo que te hace picar. Además, piensan que tú compartes el trasfondo de obviedad en el que ellos llevan viviendo desde hace mucho tiempo. 

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En la primera semana, como mucho a los 15 días, ya te vas dando cuenta de dónde te encuentras. Yo lo llamo “gripe organizacional”. Acabas de entrar y te sientes como un cuerpo extraño en un organismo vivo… y se abre un periodo en el que te adaptas, ves que la ayuda de servicios centrales no va a venir, que estás en medio de una lucha entre comercial y operaciones, que te van a reducir el presupuesto un 20%, que tu mejor colaborador ha pedido el traslado de Área o que la estrategia que hizo que te “ficharan” ha cambiado. La cultura de la empresa nos choca por lo distinta que es a lo que estábamos acostumbrados…

En esos momentos es cuando tenemos el riesgo de entrar en una fase de caída libre y nos atacan dudas sobre el acierto de habernos cambiado de puesto. Pasar de la alegría, excitación por la novedad, por la oportunidad, a un estado de confusión y decepción es, solo, cuestión de días. Y nos sentimos víctimas, y nos quejamos de todo, nada nos parece bueno, y se nos acumula la tensión por dentro.

Gestionar esa decepción es clave. O como decimos en coaching, aprender a manejar las expectativas es fundamental. Vistámonos el traje de nuestra responsabilidad. Aceptemos la situación. Mira qué tienes que hacer tú para construir sobre lo que ya existe y avanzar. El reto es tuyo.

Démonos el tiempo necesario para aclimatarnos. Para conocer el lenguaje, el ritmo, las relaciones en la cultura de la nueva empresa. Seremos privilegiados si nos hacen una “acogida oficial” y nos pasan por diferentes departamentos de la empresa o nos asignan un mentor. ¿Podríamos pedirlo?

Preguntemos claramente qué se espera de nosotros, qué se nos pide, cómo, cuándo, con quién, para qué y qué tenemos que conseguir. Antes de querer dar, dar y dar escuchemos las necesidades de nuestros clientes internos y externos. Seamos curiosos, veamos las relaciones de poder que existen en la empresa, lo que no se ve en el organigrama ni en la web. Conozcamos mejor la empresa y, sobre todo, a las personas con las que me tengo que relacionar, sus expectativas, sus necesidades, su lado humano, pidamos su feedback. No te aísles, no te consideres un outsider, habla de lo que te sucede, de cómo te sientes, con alguien de confianza y pasa la “gripe”.

Ten en cuenta que cosas que te sirvieron hasta ese momento puede que no te sirvan más, seguro que otras muchas sí. Adáptate en lo que necesites. Aprende. Anota los hitos que vas consiguiendo. Crea relaciones con tus pares, tu equipo y tu jefe. Genera confianza. Estás comenzando a construir una nueva experiencia. ¡Enhorabuena!.

En Escuela Europea de Coaching acompañamos a personas y organizaciones a mejorar sus resultados, a través del coaching.