En nuestra labor como coaches y entrenadores en habilidades, llevamos ya tiempo apreciando los esfuerzos de gran parte de las empresas españolas para adaptarse a las nuevas tendencias empresariales, a las metodologías ágiles y al cambio digital en busca de resultados, a través de la innovación, la creatividad, la velocidad, etc. 

Un esfuerzo sin duda imprescindible, pero en mi opinión a veces baldío si no acompañamos la integración de estas metodologías ágiles con una actitud y un estilo de liderazgo determinados. Ya hemos comprobado en diferentes proyectos que para que estas nuevas formas de operar sean efectivas, las competencias y los estilos a la hora de gestionar personas, equipos y proyectos, deben también adaptarse y estar alineados.

Aunque la mona se vista de seda, mona se queda

Me encanta el refranero español, porque por lo general da en el clavo y plasma con maestría situaciones cotidianas. En el caso que nos ocupa, la “seda” serían los avances tecnológicos y las nuevas metodologías y herramientas de trabajo innovadoras y ágiles para no “perder el tren”.

Y para mí la “mona” representaría a todos los profesionales que creen que basta con la “seda” para adaptarse y transformarlo todo. La “mona” serían los que buscan captar el mejor talento para sus organizaciones, sin plantearse siquiera abrirse a transformarse ellos mismos para servir de ejemplo. Serían también los que lejos de aceptar los cambios del entorno y seguir aprendiendo para adaptarse se aferran a sus creencias y comportamientos presumiendo que por su posición jerárquica en la organización, ellos no necesitan aprender nada nuevo ni modificar nada.

 

 

Pues bien, como reza el refrán, si por debajo de la seda nada cambia, seguirá la mona igual y en consecuencia, los resultados se verán afectados. Si la incorporación de novedosas metodologías de trabajo no van acompañadas de un cambio más profundo, éstas no serán más que cambios estéticos o, peor aún, nuevas fuentes de indecisión, vértigo, miedo, estrés…  

Adaptar nuestras habilidades a estas metodologías que se demuestran eficaces, pasa también por identificar las emociones involucradas en estos procesos de aprendizaje. Debemos ser capaces de generar actitudes para interrelacionarnos desde otro lugar y debemos dominar el arte de dar y recibir feedback, pues si hay alguna habilidad que entra en juego para la eficacia de estas metodologías realmente, esa es el feedback.

Hoy me doy cuenta, de que el feedback ha sido, es y seguirá siendo, la habilidad clave; que el feedback es el rey; que si los jefes, los colaboradores, los equipos y las empresas no emplean el feedback, será como el día de la marmota.

Feedback es la capacidad de decir (y de recibir) lo difícil, lo importante, lo duro y también lo muy bueno, de forma que, siempre, genere unidad, desarrollo y aprendizaje.

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Socia Fundadora y Directora Ejecutiva de EEC. Coach PCC por ICF.