Por Montse Sans, coordinadora de EEC Comunidad Valenciana.

Preguntas: Su origen se remonta a la palabra del latín quaestiō (pregunta), que comenzó a ser abreviado como Qo para indicar una pregunta. Con el paso del tiempo, esta abreviación dio origen al signo de cierre de interrogación (?), según Wikipedia.

Nos hacemos preguntas continuamente. Una mente viva es una mente que se hace preguntas. Es, a partir de ahí, que la mente entiende, sabe, conoce, descubre y comprende.

Podemos hacer muchos tipos de preguntas, en función del para qué: analíticas, evaluativas, para el conocimiento, para la toma de decisiones…

La pregunta del coach

Cuando preguntamos como coaches, cuando ponemos nuestras preguntas al servicio de nuestro cliente, nuestras preguntas no pretenden resolver el enigma, no son para encontrar una solución o nuestra solución o LA solución.

Como coaches preguntamos desde la humildad, desde el desconocimiento, desde la genuina curiosidad que vas más allá de nuestro esquema mental y que nos traslada a vivir en el mapa mental del cliente de coaching. Como un invitado agradecido que quiere comprender el entorno en el que se halla, el coach pregunta para mimetizarse.

De este modo, cada pregunta nacida de nuestra escucha de alta calidad nos servirá para desvelar el misterio, este aparecerá por si solo ante nuestros ojos, especialmente ante los del cliente de coaching.

 

 

El coach aporta un “saber cómo hacer” para que a partir de un buen nivel de escucha se generen preguntas potentes, que no son retóricas, ni interpretativas, ni estándar. Preguntas que contienen el lenguaje del cliente, que no contienen juicos, ni soluciones implícitas, que son abiertas, que preguntan por el qué y el para qué, antes que por el por qué o el quién, que son preguntas dirigidas al observador que el coachee está siendo. Preguntas que incomodan (gentilmente) y que van hacía el futuro, hacia la posibilidad, hacia el reto, no hacia el pasado.

Podríamos decir que la calidad de nuestro pensamiento va directamente ligada a la calidad de las preguntas que nos hacemos. Así pues y aquí sí, como un “entrenador”, el coach facilita que el cliente practique el arte de hacerse preguntas hasta que se convierta en un hábito. Esta costumbre redundará en la forma de reflexionar, incorporando aprendizajes, estimulando una forma distinta  y tal vez más rica de pensar, unas nuevas distinciones en su vocabulario, un enfoque distinto que provoque nuevas acciones y con ellas resultados extraordinarios.

 

Montse es Responsable de Escuela Europea de Coaching en la Comunidad Valenciana.

Como Executive Coach PCC por ICF. trabaja como formadora, entre otros, en el programa de Certificación en Coaching y coaching de equipos de EEC, así como en proyectos en empresa. Además es Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona con Master en Dirección de RRHH, Dirección y Gestión de Equipos alto rendimiento.