Meses después de sorprenderme con la frase “el miedo nos alerta de una pérdida en el futuro” que le escuché a Silvia Guarnieri, viví la frase en mis carnes.

Fue el día que visité el campamento al que van a ir mis hijos este verano por primera vez. Fue la noche que terminé de leer con mi hijo Juan Sin Miedo.

Mi hijo tiene todavía seis años, si bien en verano, cuando vaya al campamento tendrá ya 7. Se marchará 15 días con una institución con la que toda mi familia hemos estado de campamentos desde 1981. Yo misma empecé a ir a los 7 años, también mis tres hermanas, que de mayores han sido monitoras. Después, hace unos años empezaron a ir mis sobrinos. Ya han estado todos, los cinco. Ahora, irán mis hijos.

No podía dormir…

… Mi cabeza volvía una y otra vez a la residencia en la que estarán: veía las escaleras, las literas, la piscina, el comedor… y me puse a pensar en todas las cosas que le pueden llegar a pasar a mi hijo pequeño. Va a dormir poquísimo y eso hace que se porte fatal, le regañarán, le castigarán… Pero fue una imagen en concreto la que disparó la ansiedad. ¿Y si se atraganta con la carne? ¿Y con tanto niño no se dan cuenta? No es casualidad que me asaltara esta visión, le pasó una vez y gracias a que yo estaba a su lado le pude coger adecuadamente para sacarle el pedazo de la garganta.

Sentía inquietud, desasosiego, preocupación, nervios… Lo que viene siendo miedo.

Traté de calmarme con pensamientos del tipo: eso no va a pasar, no tiene porqué pasar. Tiré de mindfulness: me estoy adelantando a una situación que no ha sucedido. Estoy aquí, ahora. A la vez, pensaba en alternativas. ¿Y si no le mando de campamento? ¿Y si solo va su hermana que es más mayor y no le pasan esas cosas? ¿Y si va menos tiempo, una semana en lugar de dos?

¿El miedo me alerta de una pérdida?

Y me acordé de la frase de Silvia. Y del final de Juan Sin Miedo. De cómo la idea de perder aquello que queremos mucho nos hace sentir miedo. Y eso me permitió gestionar la emoción.

Claro, me da miedo que le pase algo a mi hijo. Claro, le pueden pasar cosas. Pero ese es mi miedo, no es la realidad. ¿Quiero dejar que mi miedo cierre posibilidades de disfrute, de desarrollo, de aventura, de autonomía, de independencia a mi hijo? La respuesta es no.

Lo que sí quiero hacer

Escucho en mi cabeza a Rosa Barriuso contando la distinción de coaching de preocupación – ocupación. Puedo centrarme en los hechos, puedo preguntarme, ¿ha pasado algo alguna vez? Nunca ninguna de todas las veces que he ido yo, ni mis hermanas, ni mis hermanas como monitoras, ni mis sobrinos, que han ido, incluso, siendo más pequeños que mi hijo. En 36 años.

Entre las cosas que sí puedo hacer: puedo sensibilizar a mi hijo sobre el tema, sobre cómo comer; puedo hablar con el campamento sobre el historial de mi hijo para que tengan especial cuidado hacia él. Gestionar el miedo me ha permitido ver que hay ciertas cosas que tengo que preparar… más allá del factor solar.

Algo más cambió

Me levanté por la mañana con una paz hacia mi hijo… diferente. Le hablé más suave, le pregunté si quería ponerse sus zapatillas favoritas… y creo que fue fruto de ser consciente de esa sensación de pérdida, de ese miedo, de cuánto le quiero.

Sigo sintiendo miedo. No lo puedo evitar. Pero soy capaz de ubicar el miedo dentro de mí y no fuera.

P.D. Os preguntaréis, ¿y la niña? Pues no me da miedo que vaya. Le pueden pasar cosas igual. Pero no tengo visiones de cosas horribles. Ella, que para mí es tan dulce, tan dócil, tan buena, es, también para mí, más fuerte.

Executive coach y Responsable de comunicación y marketing en Escuela Europea de Coaching