Yo amo, tu amas, el ama….

En mi generación, aprendimos a conjugar los verbos a base de repetición, escribiéndolos y recitándolos tantas veces como fuera necesario para conseguir interiorizarlos. Resonaban en nuestra mente como un mantra. Eso permitía integrarlos en la conversación y en la redacción con fluidez, para dar vida y sentido a las palabras.

Amar es un verbo que implica acción

El amor es consecuencia de la acción de amar, que parte de la libertad y la voluntad personal de hacer o no hacer alguna cosa que genera beneficio, ya sea a uno mismo, como amor propio, o al otro, como amor al legítimo otro.

Cuando amamos nos entregamos sin pedir nada a cambio, damos por el simple y puro placer de dar, sintiendo el goce y la alegría en su esencia pura. Por tanto, amar es una decisión responsable que convertida en acción genera amor.

Maturana, como biólogo, habla de la biología del amar y dice, “cuando hablo de amor, no hablo de un sentimiento ni hablo de bondad o sugiriendo generosidad. Cuando hablo de amor, hablo de un fenómeno biológico, hablo de la emoción que especifica el dominio de las acciones en las cuales los sistemas vivientes coordinan sus acciones de un modo que trae como consecuencia la aceptación mutua”.

Amar en el contexto laboral

En algunos contextos organizativos, sin embargo, hablar de la distinción del “amor”, no está bien visto, suena a “cursilería”.

Es necesario desarrollar consciencia emocional, que facilite crear entornos en los que hablar y expresar las emociones sea un hábito. Desde ahí, seremos más conscientes de la diferencia del tipo de acciones que realizamos y de su impacto en las personas y en los resultados. Por ejemplo, cuándo actuamos con amor o cuándo actuamos secuestrados por la desconfianza, la rabia, la ira o el miedo.

Los seres humanos somos amorosos

Si el amor brota de las acciones que realizamos, me aflora una pregunta: ¿podemos aprender a amar?

Generalmente, nos preparamos arduamente en diferentes disciplinas para convertirnos en profesionales altamente productivos y para conseguir el éxito y reconocimiento. Estamos tan ocupados, que olvidamos aprender el lenguaje y los actos del amor que nos permiten actuar en coherencia con lo que realmente es nuestra naturaleza: somos seres humanos amorosos.

Diferentes investigaciones convergen en la idea de que cuando a un ser humano se le priva del amor, se le está privando del derecho a existir. Carecer de afecto puede generar estados de ansiedad, agresividad, inseguridad, miedo, tristeza, pudiendo desembocar en un estrés crónico.

Todos los grandes sabios de la humanidad, Buda, Lao Tse, Confuccio, Jesucristo… nos han trasladado el mismo mensaje: amar a los demás es el camino que lleva a la felicidad”, a la vez que todos hacen eco del poder transformador del amor.

¿Qué nos aleja del amor?

Eric Fromm declara “el amor es ausencia de egoísmo”. Probablemente lo que nos aleja del amor es nuestro mayor enemigo: nosotros mismos, nuestro ego.

Tiene que ver con el miedo a que nos lastimen, a vivir apegados a lo que tenemos y a sentir miedo a perderlo; tiene que ver con nuestras expectativas y con la rabia y la ira ante la posibilidad de no conseguir los resultados que esperamos para nosotros a nivel personal, profesional o para nuestros hijos, parejas y colaboradores en función de nuestras expectativas.

Si nuestro propósito es aprender a amar, necesitamos aceptar y gestionar nuestro propio ego, abrazándolo y declarándole nuestro amor incondicional. Tal vez desde ese espacio, podamos centrarnos y poner foco en soltar todo lo que está obstruyendo el auténtico canal del amor: nuestra forma de pensar, sentir, el estrés, la negatividad, la culpa, el orgullo, el victimismo, el odio, la desconfianza, la envidia, la arrogancia, la preocupación, la cobardía, la impaciencia…

La ciencia se ha ocupado de mostrar que, cuando estamos en entornos en los que predominan los actos de amor, nuestro organismo libera sustancias químicas en la sangre como dopamina, serotonina y oxitocina. Las tres son necesarias para sentirnos con energía, ilusionados y motivados. También son las que permiten generar conexiones y lazos afectivos entre las personas, de ahí la expresión de que la oxitocina es la hormona de la confianza y del equipo.

Liderazgo Consciente y Emocional

Amar es una elección responsable. Desde mi punto de vista, amar es una elección responsable en cuanto a que amar es decidir estar al servicio de los demás, que no es lo mismo que ser servil para los demás.

El líder que está al servicio de su equipo desarrolla un liderazgo humilde. (Las personas humildes no piensan que son menos, sólo piensan menos en sí mismas). Este líder elige promover acciones que generan confianza, compromiso y responsabilidad; acepta la diferencia y legitima al otro como legítimo. Un líder que al coordinarse con su equipo se pregunta: ¿qué haría en esta situación el amor? Y desde esa respuesta, mantiene una actitud abierta a la diferencia, a estar presente en el aquí y ahora, a escuchar la intención positiva.

La experta psicóloga Elizabeth Kubler Ross afirma que “cuando no nos sentimos amados no es porque no recibimos amor, sino porque reprimimos el nuestro”.

En nuestro día a día, en el trabajo con compañeros, jefes, clientes, en nuestras familias, con nuestras parejas, hijos, padres… todos tenemos la posibilidad de ofrecer servicio y dar amor, sólo depende de nosotros mismos.

¿Cómo dar amor?

  1. dedicando un tiempo de calidad, con atención plena al otro
  2. mirándole a los ojos
  3. escuchando más allá de sus gestos y sus palabras
  4. aceptando la imperfección (tal vez, la imperfección sea lo único perfecto)
  5. regalándole una palabra bonita a sus oídos
  6. reconociendo el valor que supone habernos encontrado en el camino
  7. abrazando y sintiendo el calor del abrazo
  8. anticipándonos a su necesidad…

 

Mi ilusión y esperanza es que igual que repetición aprendimos la conjugación del verbo amar, por repetición aprendamos a amar. Espero que repitiendo día a día diferentes actos de amor se generen entornos sostenibles con abundancia de bienestar personal y profesional. Todos comprometidos con el verbo amar: yo amo, tu amas, el ama, nosotros amamos, vosotros amáis y ellos aman… ¿Te apuntas?

“El amor es lo único que crece cuando se reparte”, Antoine de SaintExupèry.

Manuela Rama es Executive coach por EEC, acreditada como PCC por ICF. Licenciada en Ciencias del Trabajo y con amplia experiencia en el ámbito de Gestión y Dirección de RRHH, trabaja como formadora en la mayoría de los cursos impartidos en EEC Barcelona.