Por Blanca Huarte-Mendicoa, directora académica EEC Barcelona

Últimamente me estoy encontrando varias personas que confunden el compromiso con la obligación. Quizás no sea sólo que me lo esté encontrando, sino que yo también he cambiado mis gafas sobre ello.

  • ¿Cómo vivimos cuando nos piden algo: cómo compromiso o como obligación? ¿Pedimos nosotros, o más bien exigimos?
  • ¿Nos permitimos decir que no?
  • ¿Dejamos espacio al otro para que nos diga “no”?

No sé qué te estás contestando a estas preguntas, pero sobre todo me gustaría hacer hincapié en la obligación que muchas veces nos generamos a nosotros mismos. Al final, lo que hacemos a los demás es un espejo de lo que hacemos con nosotros.

obligacion

“El destino de tu libertad está en el límite de tus pensamientos”

¿Cuántos “tengo que…”, “debería de…”, “he de…” nos decimos? Te invito a pensarlo un momento. Cuando me digo “tengo que ser buena madre, por ejemplo”, ¿cuánto espacio me estoy dejando para equivocarme, para permitirme pedir ayuda?

Bajo el dominio de la obligación nos cargamos de frustración, de resentimiento, de ira con nosotros mismos por no estar llegando a lo que nos hemos puesto como meta, o bien, si llegamos, si cumplimos, lo haremos desde la emoción del miedo que no del amor.

En la obligación, nos estaremos “tolerando”, que no aceptando plenamente.

Te invito a ser sensible a ese lenguaje que nos decimos de obligación y a cambiarlo por un lenguaje comprometido con uno mismo. Es decir, QUIERO, ESCOJO, ME PIDO hacer esto o lo otro. Ello nos genera una libertad de acción, de aceptación y de perdón cuando nos equivocamos o no llegamos. Nos permite renegociar con nosotros mismos, respetarnos como personas vulnerables. Nos permite, en definitiva, amarnos y ser libres de equivocarnos.

Cuando este trabajo lo hagamos con nosotros, seremos entonces capaces de amar y generar libertad con y para los demás.

En Escuela Europea de Coaching acompañamos a personas y organizaciones a mejorar sus resultados, a través del coaching.