La importancia de la pregunta

 en coaching

Por Alfredo García-Castrillón, director académico de la EEC en Madrid.

Las personas que nos dedicamos al coaching y trabajamos como coaches ejecutivos sabemos que nuestra labor se desarrolla, fundamentalmente, con la pregunta. Una buena pregunta, una pregunta poderosa, cuestiona la realidad que percibimos y nos hace ser conscientes de cosas que, aunque ya estaban ahí, no éramos capaces de ver.

Sócrates, con su Mayéutica, nos hablaba de la importancia de este cuestionamiento de lo que percibimos. Y también Einstein, una de mis referencias preferidas, que decía: “si yo tuviera una hora para resolver un problema y mi vida dependiera de la solución, gastaría los primeros 55 minutos en determinar la pregunta apropiada, porque una vez supiera la pregunta correcta podría resolver el problema en menos de cinco minutos”.

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A veces los coaches nos olvidamos de este gran poder y perdemos nuestro tiempo y el de nuestros clientes con preguntas no suficientemente poderosas: cerradas, curiosas -que no indagativas-, largas, reformuladas varias veces (como dudando de que el coachee vaya a entenderla), preguntas que contienen opiniones… o posibles soluciones disfrazadas de preguntas.

Durante la conversación de coaching, el coach pasa la mayor parte de su tiempo escuchando. Una vez su cliente ha finalizado su exposición, empieza a pensar qué va a hacer a continuación.

Si decide que lo siguiente es una pregunta, se la hace a sí mismo y luego comprueba si tiene la respuesta. Si es así, no era una pregunta para abrir opciones, sino una pregunta dirigida a lo que el propio coach tiene en mente en ese momento.

También conviene verificar si es abierta o cerrada. La pregunta abierta es mucho más poderosa que la cerrada, mueve más energía, saca al cliente más de su caja de confort, hace que se cuestione más la realidad. La pregunta cerrada -si bien no todas, hay preguntas cerradas muy poderosas- sigue hablando del pasado, de esa caja de confort en la que el cliente está tan a gusto.

Después de todo ello el coach pone su pregunta encima de la mesa.
La respuesta a una buena pregunta sorprende al coach y al coachee. Ninguno se esperaba que ahí estuviera esa respuesta. Y activa la posibilidad de un cambio de observador que permitirá al cliente salir de la sesión con nuevas opciones de acción que le acercarán aún más a su objetivo.

Y te pregunto: ¿Cómo son tus preguntas?

 

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