Alicia o la importancia de los objetivos a nivel personal

alicia

¿Cuál es tu objetivo en la vida?

Si nunca te lo has preguntado, si, como Alicia, no sabes la respuesta, existe el riesgo de que pierdas el control de tus propios pasos. Tal vez, no seas consciente, pero no saber qué quieres en la vida permite que terceras personas organicen tus movimientos y marquen tu destino.

Tener objetivos definidos en la vida personal es tan importante como los objetivos empresariales. “Fijar objetivos a nivel personal es una herramienta muy poderosa que nos lleva a imaginar el futuro ideal y que nos llena de motivación para convertir esa visión en una realidad”. Por si fuera poco, en el proceso de definir esos objetivos, “no solo se logra decidir adónde se quiere ir y qué se quiere conseguir en la vida, se averigua, además, dónde centrar el esfuerzo”, como leemos en este post.

Ahora bien, enfrentarse así en frío, decidir de pronto qué se quiere en la vida puede parecer una tarea demasiado compleja. Por ello, si te lo has propuesto, si de una vez por todas quieres decidir tu propio camino y dejar de ser Alicia en el país de las maravillas, aquí tienes estas pistas, como recomienda el post.

  1. Escribe cada objetivo en una frase afirmativa, en positivo
  2. ¿Qué necesitas? – Que sean objetivos claros, y marca cuánto tiempo para conseguirlos
  3. Establece prioridades – Si tienes varios objetivos, ponlos en una escala de importancia
  4. Déjalas por escrito – Esto las cristaliza y te carga de fuerza
  5. Objetivos de desempeño, no de resultado -  para que sea algo que puedas controlar
  6. Sé realista – Es importante que estén a tu alcance

¿Estás preparado para fijar tus objetivos a nivel personal?

En coaching se recomienda ir paso a paso. Tener un plan de acción y dividirlo. Puedes tener un gran objetivo anual y desglosarlo en pequeños objetivos mensuales o semanales que te vayan acercando poco a poco a ese gran objetivo final.

Coge papel y lápiz y… ¡suerte!
¿Cuántos te salen?

El equipo y sus resultados: paralelismos con el Coaching de Equipos

Por Fernando Vargas, director de proyectos en EEC Madrid.

Captura de pantalla 2014-10-07 a la(s) 10.32.26

 Captura de pantalla 2014-10-07 a la(s) 10.32.18

 

 

Entre estas dos imágenes hay menos de 30 días. Ambas pertenecen al equipo español participante en el Mundobasket de 2014, una es del torneo masculino y la otra, del femenino. En el primero, todo parecía predestinado para el éxito: se celebraba en España, lo que garantiza ambiente y escenario favorable (canchas, público, etc.), además de una generación de jugadores en su madurez “perfecta”. Sin embargo, la final soñada contra el gran enemigo a batir, el equipo de USA sólo ha sido alcanzada por el equipo femenino, que suma así la medalla de plata mundial a su palmarés como actual campeón de Europa.

Ante la comparación inevitable de estas dos selecciones me vienen a la cabeza aspectos y aprendizajes clave de la herramienta de coaching de equipo con la que entrenamos a equipos naturales de diferentes organizaciones a generar de manera consciente las condiciones y los hábitos para estar en disposición de alinearse en la acción y mejorar sus resultados.

Es necesario tener una mirada holística y sistémica para comprender por qué afirmamos que el potencial del rendimiento de un equipo se define por mucho más que la simple suma de sus partes y por qué, por tanto, no basta con analizar la calidad de los componentes de cada selección, de una forma aislada. De igual modo, en las organizaciones no miramos las personas que componen el equipo, sino el modo en el que éste comparte una visión clara de futuro y está comprometido con hacer todo lo que hace falta hacer para alinearse en la acción, estableciendo reglas claras y explícitas que le permiten tener referencias respecto a cómo están actuando hacia al objetivo.

El equipo aprende a ampliar sus propias posibilidades proyectando a futuro nuevas soluciones que no sólo vienen de lo que ya saben que son capaces de hacer, sino atreviéndose a explorar y descubrir nuevos escenarios de posibilidad, nuevas formas de relación, nuevos espacios de conversación y nuevos retos desde la convicción y el compromiso, como movilizadores de una acción coordinada de todo el sistema.

Los coaches somos catalizadores y testigos de este aprendizaje del equipo, aprendizaje que le permite alcanzar resultados que antes sólo parecían al alcance de unos pocos.

VER FOTOS: http://www.elmundo.es/deportes/2014/09/10/5410c980268e3e6a1c8b4575.html   (MEN)  http://www.altaspulsaciones.com/mundobasket-femenino-turquia-2014-espana-jugara-primera-final-historia.html (WOMEN)

 

 

 

Aceptar las dificultades de la vida es una elección liberadora

Por Manuela Rama, departamento académico EEC Cataluña.

“Pido a Dios que me dé el valor para cambiar lo que puede cambiarse; fuerzas para aceptar lo que no puede cambiarse; y sabiduría para distinguir lo uno de lo otro”

Marco Aurelio

Mi propósito con este post es compartir algunas reflexiones sobre el impacto que tiene la ACEPTACIÓN en la vida.

Cuando leí por primera vez esta frase de Marco Aurelio, se convirtió en uno de mis mantras preferidos. Me ayudó a comprender, que en la vida ocurren cosas, se presentan experiencias y situaciones de las que no podemos escapar.

Mi primera forma de entender la aceptación.  Por aquel entonces aceptar para mí significaba: estar de acuerdo con:

  • lo que ocurría y no me gustaba
  • con los valores que no encajaban con los míos
  • con problemas

Ese significado generaba malestar interior, sufrimiento. Me preguntaba una y otra vez: ¿cómo aceptar algo que no gusta, ya sea de uno mismo,  de otras personas…? ¿Y la enfermedad de ese ser que tanto adoras?… Y así una y otra vez sin encontrar respuestas que dieran aliento a mi mundo interior.

SIGNIFICADO LINGÜÍSTICO. ACEPTACIÓN es del verbo ACEPTAR, cuyo significado lingüístico es recibir voluntariamente algo que se le ofrece o propone a una persona, por ejemplo, aceptar un regalo, aceptar una herencia, también es permitir que alguien entre en un lugar o forme parte de una comunidad, una asociación o un grupo. “No me han aceptado en el club por ser menor de edad”.

Entender su significado desde una visión lingüística y racional parece ser algo sencillo. Desde mi punto de vista, la dificultad aflora cuando la vida te ofrece regalos en forma de enfermedades, fallecimientos de seres queridos, desempleos, situaciones económicas complejas, accidentes graves con consecuencias irreversibles, relaciones tensas con compañeros, jefes, parejas, divorcios… cada uno de ellos envueltos con lazos de sufrimiento y dolor.

regalo aceptación EEC

Frente a ese “regalo” que llama a la puerta de nuestra vida, es muy probable que la primera reacción sea no aceptarlo. Y declarar: no quiero este regalo. Sin embargo, esa declaración y esa elección carecen de fuerza suficiente para conseguir que desaparezca por sí mismo. Hay elecciones que las toma la energía de la vida y contra ellas no cabe la posibilidad de no dejar que entren a formar parte de nuestro camino de vida. Y es ahí, frente a esas situaciones dónde tiene sentido encontrar un significado que abra más posibilidades al concepto de la  ACEPTACIÓN

Mi nueva forma de entender el significado de aceptar:

  • Aceptar significa acoger la vida, tal y como se presenta
  • Vivir en el momento presente, en el aquí y ahora, sin ponerle etiquetas ni juicios mentales
  • Es comprender que como ser libre tienes la libertad de elegir cómo vivir ese momento, esa situación
  • Es soltar la pregunta del ¿por qué se presenta?, y el ¿para qué? 
  • Es una actitud que surge del corazón y conecta directamente con la energía del AMOR INCONDICIONAL

TODO LO QUE RESISTES PERSISTE Y LO QUE ACEPTAS SE TRANSFORMA

Coste de No aceptar vs. Beneficio de aceptar 

Resignación – Trascender las circunstancias y crecer
Amargura – Compasión
Rabia – Serenidad
Ira – Libertad
Resentimiento – Armonía
Sufrimiento – Paz interior
MIEDO – AMOR
INFELICIDAD – FELICIDAD

La no aceptación genera resistencia, tensión y mucho estrés emocional. Puede convertirse en vivir en la negación que nos llena de emociones que nos alejan de la felicidad, pudiendo convertirse en estados de ánimos tan limitantes como la desesperanza, la depresión, la desilusión…

La aceptación es una actitud frente a la vida, conectada a la sensación de libertad y a la energía del AMOR.

 

Lo que no decimos: el enemigo de las relaciones

Patxi del Cura, coach y formador en la EEC

Todos sabemos que en una relación personal o amistosa hay cosas que no decimos. Son aspectos de nuestro pasado que, por miedos, vergüenzas o por lo que intuimos podía suponer en la otra persona, guardamos para nosotros. Otras veces, son circunstancias presentes, del día a día en la convivencia, que elegimos no comentar porque decidimos quitarles valor o porque tememos la reacción del otro.

En otras ocasiones, son emociones que experimentamos y que, por nuestra dificultad en mostrarlas, quedan alojadas en nuestro interior. Una emoción que puede ser de miedo, enfado, tristeza o resentimiento, y también sentimientos de ternura, simpatía y amor que, aún siendo positivos, los guardamos.

Lo que no contamos compone lo que solemos llamar “mi parte privada o íntima”, ese cuadrante de la personalidad que no uno no comparte con los demás.

Un aspecto diferencial de las relaciones personales consiste en hacer público para el otro, aspectos de mí que no muestro al resto del mundo, hasta el punto de que utilizamos expresiones como “no tenemos secretos”,  “lo compartimos todo”, como formas de transmitir ese vuelco desde un espacio íntimo y personal a otro espacio bipersonal y privado: un terreno habitado por dos, en el cual podemos mostrarnos sin tapujos.

1b0dc92a38c6b10a7c2bebeb4f5b3262

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como bien sabes, esto no siempre es así. A veces enseñar la intimidad puede resultar tan atemorizante como el conflicto. En el devenir de la convivencia vamos generando pensamientos y experimentando emociones que decidimos no desvelar al otro. De hecho, a veces tenemos otra u otras personas con las que hablamos de cosas que no conversamos con nuestros seres más cercanos. Decimos “con él / ella no puedo hablar de esto”. Y es posible que sea válido y que, incluso, sea positivo tener un lugar de descompresión más allá de con quien compartimos nuestra vida.

Sin embargo, esas cosas que no compartimos, y que guardamos en nuestra esfera íntima, (y que se acumulan como sedimentos),  suelen ser muy a menudo el cultivo de lo que se denominan “conversaciones pendientes”: he aquí al auténtico lastre de cualquier relación, nuestra bola de preso que nos permite seguir andando pero que cada vez, si no hacemos nada, va pesando más y más.

Creemos que el tiempo lo cura todo
Que tampoco es cuestión de decirlo todo
Que no pasa nada
Que la convivencia desgasta
Que hay que ceder
Que es mejor callar ciertas cosas….

Callar evita la dificultad inmediata pero no genera soluciones y es altamente tóxico en sentido figurado (el resentimiento es la emoción de las conversaciones pendientes) y físico como apuntan muchas evidencias médicas.

Nos adherimos a esta bonita colección de explicaciones o subterfugios que no hacen sino ramificarse como una metástasis y contaminar el organismo de toda relación. Como las yedras en las paredes de una casa que hunden sus raíces en la fachada y amenazan la solidez de un edificio, las conversaciones pendientes van ocupando espacio en la relación para al final estrangular el cauce de nuestras comunicaciones.  Así pues, podemos decir que, necesitamos ser transparentes.

La transparencia no hay que entenderla como la obligación a decirlo todo, sino la necesidad de hacer público para el otro el diálogo interno de todos aquellos pensamientos, sentimientos o conductas propios o sobre la otra parte, que puedan afectar a la relación.

Transparencia es
- compartir aquello que tenga que ver con la convivencia con el otro
- avisar de dónde estoy emocionalmente
- expresar aquello que une o desune
- decir lo agradable y lo desagradable
- alinear mis valores con mis acciones y hacerlo saber

Citando a Martin Luther King:Nuestras vidas van a llegar a su fin el día que guardemos silencio sobre las cosas que nos importan”.

El valor del coaching para los RRHH

Eva López-Acevedo y Silvia Guarnieri, socias fundadoras y directoras de los programas de formación en la Escuela Europea de Coaching

Un director de RRHH, al frente del desarrollo de las personas, necesita entrenar unas habilidades determinadas. La capacidad de gestionar el desarrollo y el crecimiento de otras personas es, además, una doble responsabilidad. Por un lado, requiere saber escuchar, intuir, preguntar e interpretar qué es lo que está haciendo falta en cada momento a cada uno de los equipos o de las personas que componen la compañía. Por otro lado, se hace necesario estar permanentemente dispuesto a revisar las propias creencias y formas de operar y a bucear dentro de uno mismo para experimentar “la medicina”, que creemos que los demás deben tomar.

Dicho de otra manera, crecer implica romper algunos moldes o esquemas que nos han servido o nos han hecho exitosos hasta aquí. En la EEC sensibilizamos a las personas que trabajan dentro de RRHH para que ellos mismos puedan vivir en primera persona lo que significa crecer o aprender. De esta forma, podrán empatizar y generar la credibilidad necesaria para poder proponer un esquema formativo a las personas que lo necesiten.

La Certificación en Coaching Ejecutivo forma a coaches y a profesionales del sector de los recursos humanos pues son perfiles que tienen mucho en común. Ambos, comparten un interés genuino por las personas. Lo que se traduce en una certeza, en saber, sin lugar a dudas, que el verdadero capital de las empresas son las personas. Es el firme convencimiento de que apostar de forma clara por el enriquecimiento personal y profesional de los personas que componen los equipos es, a la larga, la única opción posible para garantizar la motivación, la sostenibilidad y la supervivencia de la organización.

Hoy en día, sabemos que las empresas que sobreviven a las grandes crisis lo hacen desde dentro, comprometiendo a los equipos en los cambios que sean necesarios. Un proceso, en donde, sin duda, el camino recorrido o por recorrer tendrá una relación directa con lo que se haya sabido construir como empresa.

Hay un antes y un después, una vez que un director de RRHH pasa por nuestro programa de coaching. Nuestro programa formativo, más que una incorporación de contenidos teóricos, es una experiencia de formación completa. Pensamos que no se puede pasar por uno de nuestros programas sin ver y entender lo que nos pasa a nosotros mismos y a los demás desde una nueva perspectiva, con otras gafas. De esta manera, el profesional de RRHH experimenta cómo el aprendizaje vivencial se incorpora a las personas y se transforma en herramientas fácilmente utilizables por los directivos o empleados de las empresas.

En nuestra opinión, el coaching es una buena apuesta porque es una herramienta útil y práctica que ayuda a las organizaciones a activar nuevos mecanismos para obtener resultados y a diseñar y liderar mejor su futuro. Además, el coaching en las organizaciones, al igual que en el ámbito personal, refuerza e impulsa todas las competencias que una persona necesita para ser más eficaz en sus relaciones.

¿Qué aporta el coaching a los RRHH? ¿Y a las organizaciones en general? Cuando nos hacen esta pregunta, solemos decir que el coaching aporta un nuevo estilo de liderazgo más acorde con los tiempos cambiantes, en los que la velocidad para adaptarse al cambio implica ganar o perder. El coaching invita a pensar una y otra vez qué cosas podemos hacer de manera distinta para alcanzar los objetivos y a desarrollar al máximo las habilidades relacionales y de comunicación, para trabajar eficazmente en equipo. Por todo ello, con el coaching las áreas de RRHH y las organizaciones en general ganan coherencia, confianza, compromiso, creatividad y eficacia en la coordinación de sus acciones.

Así, entre nosotros y los departamentos de recursos humanos se establece una relación estrecha. Siempre que trabajamos en proyectos de desarrollo o de cambio de cultura en las empresas, lo hacemos de la mano de la dirección general de la compañía y de la dirección de RRHH. Ese “ir de la mano” significa que trabajamos estrechamente con ellos para identificar con qué cuentan, qué les está faltando, cuáles son sus necesidades prioritarias, etc.

Trabajamos conjuntamente la estrategia a seguir y diseñamos soluciones a la medida de los resultados que persiguen, comprometiéndonos al 100% con sus objetivos. De hecho, esta forma de trabajar con nuestros clientes mejora el posicionamiento y la visibilidad de los departamentos de RRHH, ya que al término de los proyectos que realizamos, las personas involucradas crecen personal y profesionalmente y empiezan a valorar más la labor que RRHH lleva a cabo en la organización.

¿Cuál es tu elemento?

Por Anais Rubió-Galván, coordinadora EEC Alumni.

“Cuando nos apasiona lo que hacemos y además tenemos la preparación adecuada para hacerlo bien, estamos en nuestro “elemento”, un estado maravilloso en el que trabajamos sin cansancio y con gran creatividad”, Sir Ken Robinson.

Todos nacemos con cualidades únicas y extraordinarias, tan solo tenemos que escucharnos y encontrar nuestro “Elemento”. Esta es, básicamente, la teoría que defiende Sir Ken Robinson, reconocido educador y escritor estadounidense, experto en el campo de la calidad de la enseñanza, y que detalla en el libro “El Elemento” junto a Lou Aronica.

El libro es excelente para comprender la importancia de encontrar “mi elemento”, aquello en lo que cada uno fluye y en lo que disfruta. Mi pasión. El elemento es un espacio en el que confluyen las cosas que nos encanta hacer y las que se nos dan bien. Para Sir Ken Robinson, encontrar el elemento es crucial para el bienestar y el éxito a largo plazo. ¿Cómo podemos descubrirlo? La clave está en identificar nuestras habilidades y pasiones personales, aquello que se nos da bien y, además, nos gusta hacer.

wax_crayons_205544

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El autor nos advierte de los límites por los que, a veces, nos cuesta encontrar nuestro elemento:

  • El primer límite lo ponemos nosotros mismos al no comprender cuál es el alcance de nuestras posibilidades, de nuestras capacidades.
  • El segundo límite está en nuestra comprensión de cómo todas estas capacidades se relacionan entre sí de forma integral.
  • El tercer límite está en nuestra escasa comprensión del potencial que tenemos para crecer y cambiar, para renovarnos.

“La vida humana es dinámica y cíclica. Capacidades diferentes se expresan con más o menos fuerza en distintas épocas de nuestra vida”, asegura Sir Ken Robinson. Con esta cita el autor quiere invitarnos a perder el miedo por pensar que es “demasiado tarde”. Existen múltiples oportunidades para crecer y desarrollarnos de nuevo, y también, ¡para recuperar capacidades que creíamos perdidas!

 

No todos los coaches son iguales

Nada tiene que ver un coach de La Voz, un coach de béisbol, un coach de moda… con un coach ejecutivo.

Nada tiene que ver recomendar, aconsejar, conducir e, incluso, dirigir. Nada tiene que ver empujar a alguien a hacer, pensar o decir algo desde una posición de “yo sé algo que tú no sabes” con lo que hace un coach ejecutivo, que es despertar en alguien una luz para que se cuestione a sí mismo sus emociones, sus acciones y sus deseos desde una situación de igualdad.

En nada se parece entrenar a alguien para que haga lo que yo como experto considero que es bueno para él/ella, a entrenar a alguien para que mejore en su conexión consigo mismo, para que descubra qué se le da bien y lo potencie, para que mire la realidad desde otra perspectiva y, una vez ahí, decida qué quiere hacer.

Además de nunca dar consejos, no es un coach ejecutivo si te pregunta por qué:

  • ¿Por qué has hecho lo que has hecho?
  • ¿Por qué no haces esto otro?
  • ¿Por qué no pruebas a decir?

Un coach ejecutivo pregunta para qué con la intención de trasladar al preguntado a un lugar nuevo. La pregunta ¿para qué has hecho lo que has hecho? lleva a responder pensando en los objetivos de lo que se hizo, y no en los motivos; traslada la mirada hacia futuro y a lo que sucede después, y permite revisar y asumir la responsabilidad de la acción así como las consecuencias y resultado que ocurrieron después.

Y un coach ejecutivo te va a acompañar hasta que conectes con tu deseo y tu interior, hasta que centres el foco, te pongas en acción y logres el reto que te has propuesto. Y te va a preguntar:

  • ¿Cuál es tu objetivo?
  • ¿Qué recursos tienes para lograrlo?
  • ¿Qué te impide conseguirlo?

Este verano, y a la vuelta de vacaciones, ¿te vas a poner en marcha?

En coaching y en la vida, qué difícil es no dar consejos y soluciones

Por Alfredo García-Castrillón
Director Académico de la EEC en Madrid

La mayor parte de mi vida laboral, (¡26 años de los 35 que tiene ya!) la pasé dando soluciones y consejos. Como ingeniero en áreas de tecnología, mi trabajo consistía en recibir problemas, analizarlos, buscar posibles soluciones, seleccionar una y llevarla a la práctica. A partir de una necesidad, debía diseñar un producto tecnológico que la satisficiera. En el mejor de los casos, las nuevas soluciones funcionaban a la primera y pasaba a otro problema. Si no era así, la búsqueda de soluciones continuaba hasta que, por fin, una funcionaba. Aplicaba la misma regla con las personas. Les daba consejos y les decía: yo sé qué es lo que tú tienes que hacer para resolver lo que te está pasando.

Cuando descubrí y me enamoré del coaching, y decidí formarme como coach, me dijeron mis profesores que el coach no da ni consejos ni soluciones. ¡Imposible! contesté yo. Cuando me dijeron que, además, el coach no juzgaba a su cliente mi incredulidad fue máxima. Un resquicio de confianza en mis profesores me permitió seguir en esta apasionante carrera, ¡menos mal! Sin embargo, mi capacidad para fluir en la no solución, en el no consejo, eran muy limitadas.

Cuando hacía mis prácticas como coach novato, todavía “me salían” consejos y soluciones, ¡tantos años de hábito no se cambian en poco tiempo! Y hubo un par de situaciones que me permitieron asentar esta competencia fundamental del coach y que consiste en creer al cien por cien que el cliente tiene las soluciones a sus retos, así como los consejos que precisa, en él mismo.

En una sesión de coaching con un cliente que era ingeniero como yo, que trabajaba en áreas tecnológicas como yo y que tenía problemas como los que yo había tenido, vi muy clara la solución a su reto y se la dije. Cierto es que disimulé un poco lanzando una pregunta que ocultaba la solución, del estilo “¿Qué te parecería probar esto y esto y esto?”. Lo genial fue su respuesta, una respuesta que caló en mí como un chaparrón de primavera: “¡Eso es una tontería!”

¡Cómo me quedé! ¡Qué le ocurrió a mi ego! Y descubrí que llevaba a mi ego conmigo durante la sesión, ignorando otra competencia del coach que todavía no tenía muy practicada, el egoless. Tardé un poco en recuperarme y poder seguir con la sesión. Al final, mi cliente encontró su propia solución y le sirvió.

modern_business_style_ai_14

 

 

 

 

 

 

 

Aunque el aprendizaje fue enorme, no fue, todavía, completo. Recuerdo otra sesión posterior con otro ingeniero, en la que también se me ocurrió la respuesta al reto de mi cliente. ¡Dios mío, qué poder de inventar soluciones tenía! Sin embargo, con la enseñanza de la sesión anterior, apliqué una regla sencilla para que no saliera por mi boca, ni siquiera disfrazada de pregunta. Consiste en abrir la boca, sacar la lengua y cerrar la boca. ¡Sí, eso que imaginas! A esta técnica la llamamos “Morderse la lengua” y es muy, muy antigua. Y útil.

No di la solución, me la quedé. Es cierto que tenía muchas ganas de ponerla encima de la mesa, pero las palabras de mi otro cliente de coaching todavía resonaban en mi mente: “¡Eso es una tontería!”.

La sesión siguió y mi cliente encontró una solución que era muchísimo mejor que la que yo quería ofrecer. Y pensé, si se la hubiera dado y a mi cliente le hubiera servido (y no hubiera dicho que era una tontería), la habría tomado como válida. Entonces mi cliente habría perdido, gracias a mi ego y a mis ganas de ayudar, el montón de ventajas que tenía su solución sobre la mía, porque no hubiera trabajado más sobre el reto.

Con estas dos experiencias se afianzó la competencia en mí, la incorporé muy plenamente. Y al pensar en ella me doy cuenta de que tiene mucho que ver con el respeto a mi cliente: si yo le doy un consejo, una solución, es que creo que él no va a ser capaz de encontrarla por sí mismo. ¡Vaya falta de respeto!

Creo, y así lo muestro en las jornadas de formación que impartimos en la EEC, que cuando un coach conoce a su coachee lo primero que hace es creer en él, al cien por cien, más incluso de que lo que el coachee cree en sí mismo. Creo que es capaz, creo que tiene la respuesta, creo que tiene los consejos que necesita y no los ha encontrado. Y que, ahí está mi labor como coach: acompañarle en esa búsqueda de sus soluciones, sus propios consejos, hasta que los encuentre.

En cierta ocasión, Einstein le dijo a uno de sus alumnos: “Si A es el éxito en la vida, entonces A = X + Y + Z, donde X es trabajo, Y es placer y Z es mantener la boca cerrada”En una sesión de coaching A = X + Y + S, donde S es el silencio, más allá que “morderse la lengua” o “mantener la boca cerrada”. El coach está en silencio cuando no tiene nada que decir. Y no tiene nada que decir cuando lo que hay que decir tiene que ver con soluciones y consejos. En ese aspecto, el coach está siempre en silencio.

Y tú, como coach, y también como persona, ¿estás en silencio cuando escuchas? 

Si es bueno para el líder, ¿es bueno para la organización?

Por Juan Luis Ayuso, director de desarrollo de negocio corporativo en EEC y director de EEC Alumni.

Muchas veces nos planteamos si un objetivo determinado, si una acción o si una estrategia concreta es buena para la organización. Si se trata de cuestiones que van alineadas con la estrategia, con los objetivos y con los valores de la propia organización, daremos por supuesto que favorecen su supervivencia y desarrollo.

De esta forma y si es así, no hay nada que objetar. Si bien, debemos evitar caer en el riesgo de generalizar y sacar las tablas de la ley a cada paso para justificar tal o cual decisión. La ley está hecha para el hombre, y no el hombre para la ley.

La organización la componen personas y son ellas las que la mueven en un sentido o en otro. En la medida en que estas personas estén implicadas, motivadas, felices y aprendiendo decidirán implicarse con la organización.

teamwork eec

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo especial tienen los líderes en las empresas, que son responsables entre otras cosas, del equipo humano que tienen a su cargo.

Un líder estará tanto más alineado con la organización cuanto más sienta que trabaja en un lugar donde merece la pena “habitar”, donde siente que se desarrolla su talento, que su criterio es tenido en cuenta y donde puede generar resultados sostenibles.

Por tanto, y para responder a la pregunta de si lo que es bueno para el líder es bueno para la organización, diría que un líder satisfecho tiene un efecto multiplicador en el organigrama hacia todos los lados.

Éste es un líder que ya se ha respondido y ha actuado en consecuencia al plantearse las siguientes cuestiones: ¿Estoy satisfecho en mi organización? ¿Cómo me gustaría estar? ¿Qué conversación me falta para lograrlo? ¿Con quién?

¿Cómo se siente y se mantiene uno en la magia?


Por David Mateo, alumno de BCO y coordinador del GICS.

El autor describe el cambio de observador y el proceso de transformación que se genera en él, con el coaching y con la sabiduría que su coach le traslada.

Quiero compartir un aprendizaje, quiero contar el cambio de observador con el que he logrado cambiar mis creencias nucleares, esas que permanecen casi toda la vida, esas que limitan y que tienen la peculiaridad de hacer desplegar mil herramientas de protección, esas que nunca abandonamos y por las que montamos un sistema de vida y un funcionamiento concreto para poder “sobrevivir” sin abandonarlas.

Durante mucho tiempo me etiqueté yo solito como el Superman de mi familia. Creía que yo era el que tenía que hacer y hacer, que era el fuerte y el que podía con todo. ¡Cómo me agarré a esa creencia! Nací un Superman y no podía permitirme expresar emociones negativas. Fui todo un experto en no hacer caso a las emociones negativas y mi energía se gastaba en las emociones positivas. Aprendí a vivir así y lo derivé a otros ámbitos de mi vida.

Con el tiempo y con el coach de la EEC Francisco Junquera, descubrí que “tenía que morir para volver a reinventarme”. Pero ¿cómo iba a morir yo, después de 40 años funcionando de una misma manera? Había aprendido a sobrevivir tan bien que no me lo iba a permitir fácilmente.

Y, sin embargo, descubrí algo de forma vivencial que me llevó a crear el siguiente código: Yo soy el que elije apartarme de la magia. La magia siempre está y yo me alejo cuando no soy capaz de activarme en modo aprendizaje, cuando no me pregunto ¿para qué me está pasando lo que me está pasando? y cuando me quedo enganchado con lo que me está sucediendo.

Para poder contaros mi vivencia, mi descubrimiento, debo compartir dos distinciones que utilizo. Una es la Magia: lo que se da cuando uno siente que está bebiendo de la fuente del conocimiento, de la sabiduría, de aquello que ocurre y no tiene una explicación muy racional; cuando simplemente ocurre lo que deseas en la forma que necesitas. La segunda es Terrenal: es aquello que nos ocurre en nuestro día a día, nuestra vida, nuestro trabajo, nuestras relaciones…

En otras etapas de mi vida había llegado a estar enganchado a esa magia. Pero ya no obtenía nuevos resultados, había acabado haciendo las mismas cosas. Y sin embargo, ya sabía cómo crear una realidad distinta, sabía cómo generar la realidad que deseaba, ya tenía información de Dispenza y tenía los conocimientos que aprendía del coaching.

Leyendo a Dispenza se aprende que para generar una realidad distinta debemos seguir ciertos pasos: Sentir el deseo, desde las células, desde lo más profundo del ser; Vivir ese deseo como si ya hubiera ocurrido, con todo los detalles, recreando una escena real para conseguir vivirla; Y dar gracias a todo, a lo que yo llamo magia, por haberlo concedido.

Comprendía la teoría, la había experimentado, y la llegaba a utilizar como herramienta, pero dentro de mí sentía que hacía falta un giro de tuerca más. Era como la frase de Einstein que me inquietaba: “Experto no es aquel que sabe, sino el que lo llega a poner en práctica”.

Así es cómo descubro mi creencia nuclear, al Superman del que os hablé, y un cambio de observador me sitúa de nuevo en la magia. Durante un tiempo intento a hacer como Nadal, fijar acciones repetidas lo que me llevaron a estar ahí para no olvidar cómo entrar en este estado. Pero no soy capaz de conseguirlo. Una y mil cosas me vuelven a apartar de la magia, del conocimiento. El trabajo, la familia, mi creencia… Todos viajan conmigo, todos de la mano.

Y me convierto en el “observador del observador” y empiezo a averiguar, impulsado por ese cambio, lo que estaba ocurriendo. Y veo que nada más engancharme a la magia cierro proyectos de coaching y tengo nuevas ofertas, y que encuentro proyectos para otros. Vuelvo a ser el Superman que me había propuesto: tengo la creencia de que debo salvar a los demás, que necesito hacerlo para que me quieran y me acepten.

Topo con mi creencia y mi cuerpo me habla. Mi ser grita a modo de enfermedad y mi cuerpo me hace sufrir dos parálisis faciales. La parte izquierda y racional entra en conflicto con la parte derecha y emocional, se me cierra el ojo izquierdo y se me desvía la boca hacia un lado. Había algo que yo no era capaz de solucionar: no era capaz de ser, no era capaz de no situarme en el hacer.

No fui del todo consciente de esto, tenía los feedback que me daban, hasta una conversación con una gran y querida amiga, que me descubrió que estar en la magia es tomar lo que has pedido pero en la forma que necesitas para seguir creciendo.

Como dice mi coach: si buscas un resultado no te apegues a él, tú pide el qué y la vida te regalará el cómo. Y precisamente ese cómo es el que no puedo ni debo manejar. La magia me lo traía en la manera que yo necesitaba para crecer, era lo que necesitaba trabajar en mí para que se produjese esa evolución como ser humano. En el momento en que detecté esto, vi claramente qué era lo que yo seguía haciendo, qué era lo que la vida me estaba regalando para poder engancharme a este crecimiento.

“No te deseo suerte, te deseo ojos para que puedas leer las cosas que te vayan ocurriendo en la vida”, me dijo alguien en una fecha importantísima para mí. Hoy, esta frase tiene más sentido que nunca. Gracias a ella entendí que la vida nos regala la oportunidad de seguir y de crecer, aunque no de la forma que nosotros queremos, sino de la manera que estamos siendo, para poder realizar un camino más puro si cabe, más enganchado a esta magia.

¿Cómo podía yo instalar en mí un mecanismo para elegir la mejor manera de engancharme a la magia y no dejarme arrastrar por lo terrenal? Como respuesta, llegué a una conclusión que llamo Código: La fuente de conocimiento es inagotable. Soy yo quien elige acercarse o alejarse en función del modo de programación que tenga o sea capaz de describir. Si logro programarme en “aprender” de las cosas que me ocurren (y que me están ocurriendo para algo) no me quedaré enganchado a las cosas más terrenales que me sucedan.

Programarme en modo aprendizaje de las situaciones que vayan ocurriendo en el día a día, al conectar con lo más profundo de mí, solo con esto, ya me situaba en el “observador del observador”, el primer paso para engancharme a esta fuente de conocimiento.

Quiero seguir descubriendo y aprendiendo de algo que antes no era capaz de expresar con palabras, algo que dentro de mí me decía que existía. Gracias al coaching, a la magia y al sentido que le doy al conocimiento, ahora mi primer objetivo es: Aunque no quieras morir, muere para poder volver a ser.

 

David Mateo